Tráfico de influencias 'a todo trapo'

01 de noviembre de 2013 (19:17 CET)

La Asociación Española de Banca (AEB), gran patronal de los intermediarios del dinero, ha designado presidente a José María Roldán. El flamante mandamás es un probo funcionario del Banco de España que desempeñó el cargo de director de regulación durante 13 años hasta su defenestración el pasado septiembre.

Tomará posesión en AEB en abril de 2014, tras permanecer en el dique seco los preceptivos seis meses que las normas reglamentarias fijan con la púdica finalidad de evitar incompatibilidades. Una vez transcurrido ese corto periodo de tiempo, Roldán queda liberado y puede fichar por la entidad que le pete, que no es otra que la AEB.

El señor Roldán sustituirá al incombustible Miguel Martín, que también arribó al puesto tras una larga trayectoria en el Banco de España, en cuyo escalafón trepó hasta llegar a subgobernador.

No parece sino que los banqueros de postín le hayan cogido gustillo al arte de pescar a sus máximos representantes en las filas del órgano encargado de supervisarlos. Por lo que se ve, les importa un pito que mentes malévolas puedan atisbar en semejante costumbre unos claros indicios de colusión de intereses.

Roldán estaba considerado el hombre clave del Banco de España. Ahora se pasa con armas y bagajes --o sea, con un sueldo de órdago-- a dirigir la asociación patronal de los bancos, a las órdenes directas de Emilio Botín, Francisco González y demás prebostes de la oligarquía financiera nacional.

Asistimos, pues, a uno más de los cambios de bando que se han dado con estupefaciente profusión en los últimos tiempos. Presidentes de gobierno, vicepresidentes, ministros, secretarios de Estado, más una turbamulta de directores y subdirectores generales, apenas se ven apeados del cargo, mudan de chaqueta y en un santiamén pasan a devengar abultados estipendios de empresas que hasta entonces estaban sujetas a la férrea y exhaustiva regulación de los cesantes.

Los valores que cotizan en bolsa ofrecen muestras palmarias de los mentados trapicheos. No hay sociedad de renombre que no tenga en plantilla a un ex político lustroso. En 2011, Endesa contrató como asesor a José María Aznar con una paga de 200.000 euros. Poco después, Felipe González entró con su habitual desparpajo en el consejo de administración Gas Natural, remunerado con 164.000 anuales.

Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, tuvo la ocurrencia de designar consejero a Ángel Acebes, con un momio de 400.000 euros. Tanto González como Acebes ocupan sus respectivos puestos en calidad de consejeros independientes, que traducido al román paladino quiere decir que dependen estrecha y directamente del gran timonel de la casa, que por algo es quien los nombró y les llenó los bolsillos de doblones.

Suma y sigue. Eduardo Zaplana trabaja --es un decir-- en Telefónica. Pío Cabanillas en Acciona. Miguel Boyer en Red Eléctrica. Y Pedro Solbes en la eléctrica italiana Enel, matriz de Endesa. Los italianos no se andan con remilgos a la hora de contratar ex políticos, pues también tienen a sueldo a la ex ministra Elena Salgado.

Consejeros imputados

Con todo, el rey de los consejos societarios es un catalán, el ubicuo abogado Miquel Roca, uno de los padres de la Constitución, que ahora parece dedicado en cuerpo y alma a demolerla. Roca ocupa sendas vocalías en Endesa y ACS, ambas excelentemente retribuidas, y además, por nuestros lares, es secretario de los consejos de Banc Sabadell y del grupo de infraestructuras Abertis. Don Miquel, que es un consumado lobbista, anda en estos momentos enfrascado en la titánica labor de salvar el pescuezo de la infanta Cristina, a la que trata de librar de su imputación, cada día más cercana.

A la hora de enchufar políticos, los capitostes de las grandes empresas no se andan con remilgos, incluso hacen caso omiso de que puedan tener cuentas pendientes con la justicia. Por ejemplo, los capos del Santander, Emilio Botín, y de Telefónica, César Alierta, han recabado al alimón los servicios de Rodrigo Rato. Este caballero está imputado en la Audiencia Nacional por la ruina de Bankia, pero esta nimiedad no ha sido impedimento para que dos pesos pesados del empresariado celtibérico como Alierta y Botín lo guarezcan bajo sus respectivos cobijos. El daño a la reputación de sus compañías les trae al fresco, como han demostrado sobradamente.

Alierta tuvo hasta hace bien poco en Telefónica al apestado Iñaki Urdangarín, con una prebenda de cuantía descomunal que, en el seno de la compañía, sólo superaban el propio Alierta y el consejero delegado.

En el Santander, Botín tiene así mismo de consejeros a viejas glorias como Isabel Tocino, Abel Matutes y Guillermo de la Dehesa, dos populares y un socialista. También contrató a Luis Ángel Rojo, tras su cese por edad como gobernador del Banco de España. Ahora, por vía indirecta, don Emilio se ha hecho con los servicios de otro ex del mismo instituto, el antes citado José María Roldán.

Pasan los años, los lustros y los decenios, pero en este maltrecho país se conservan invariables las caciquiles costumbres de otras épocas. El nauseabundo contubernio entre lo público y lo privado sigue plenamente a la orden del día. La maléfica cohabitación entre las elites políticas y la oligarquía de la pasta se mantiene invariable. Así nos luce el pelo a los ciudadanos de a pie.
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