Todos los hombres (buenos) del presidente Fainé

21 de julio de 2014 (20:43 CET)

La Barcelona prevacacional permanece todavía conmocionada por los cambios recientes que se han producido en la estructura de poder del grupo financiero de La Caixa. El despido del consejero delegado Juan María Nin ha dado pábulo a un sinfín de confabulaciones sobre qué sucedía en la entidad y cuáles eran las motivaciones reales del cambio. Como si la incompatibilidad de caracteres, que cantaba Joaquín Sabina, fuera razón insuficiente para la cirugía. Debe resultar imposible aplicar cambios de esta magnitud sin dar pie a la fabulación. Más incluso cuando todo lo sucedido tiene después diferentes ramificaciones que suponen uno de los cambios ejecutivos más intensos y de calado que ha vivido la entidad en las últimas décadas.

Algunos de los históricos de la casa han perdido múltiples funciones (mando en plaza, que diría un castizo). Otros, más nuevos en la institución cobran protagonismo. Se produce, de alguna manera, un relevo generacional que Isidro Fainé ha dibujado casi sin pretenderlo. El banco, por ejemplo, tendrá personas a su frente de perfil más técnico que político. Será más banco y menos otra cosa. Para el resto de cuestiones, el todopoderoso banquero cuenta con la fundación bancaria La Caixa y su poderosa pata Criteria.

En ese ventilado contexto, los nuevos estrategas del grupo que acompañarán a Fainé son, fundamentalmente, tres personas. Y lo son desde diferentes ubicaciones y funciones, no todas ellas directas en el holding financiero.

1. Francisco Reynés. Es el consejero delegado de Abertis, una de las joyas de la corona del grupo industrial Criteria. Cuenta con el reconocimiento directo del presidente de La Caixa. A Fainé le sorprende su habilidad políglota y su arrojo negociador. Ya contó con él en Criteria hace años, pero lo acabó situando en la primera línea ejecutiva de la subsidiaria que más rentabilidad proporcional produce y que forma parte de una especie de círculo mágico de participadas. El propio Fainé fue presidente en los duros tiempos de Acesa, cuando José Manuel Basáñez dejó allí un lío de mil demonios vinculado a los peajes y los alcaldes. Fainé se arremangó y junto a Salvador Alemany le dio la vuelta a la compañía. Hoy, unas décadas después, Alemany mantiene una presidencia institucional de conveniencia para ambos mientras que Reynés es el auténtico amo y señor de la concesionaria de infraestructuras.

2. Ángel Simón. Ingeniero (en su faceta técnica) y humanista (en la dimensión personal), el presidente de Agbar ha sido encumbrado por Fainé a lo más alto de la compañía de aguas y saneamiento. Pero no sólo en la española, sino que antes de que el hombre fuerte de La Caixa decidiera tomar el 7% del capital de Suez Environnement (hoy ya propietaria de Agbar) se había asegurado de que su ejecutivo de confianza fuese el máximo responsable del grupo francés en el negocio del agua. Una jugada maestra en la que el tándem Simón-Fainé serán los nuevos señores europeos del agua y los residuos. A Fainé no le disgusta que Simón haya tenido los arrestos de plantar cara al Govern de la Generalitat con la privatización de Aigües Ter Llobregat (ATLL). No le gusta lo que Artur Mas está haciendo con la política catalana y siempre sobrevuela la sospecha de la que adjudicación de las aguas de Catalunya a Acciona era una especie de penitencia a esa actitud refractaria (además, of course, de todo lo que envuelve la oscura concesión).

3. Jaume Giró. El periodista es una de las figuras más emergentes del nuevo equipo del presidente, quien le ha premiado su lealtad en los momentos más complejos. Fainé le ha recompensado esa complicidad y sus capacidades ejecutivas convirtiéndole en el virtual número dos del grupo con el cargo de director general de la fundación de la que depende la obra social de la institución, todas las participaciones empresariales del grupo (Criteria) y que es propietaria del capital del banco (Caixabank). Convertido hoy en un ejecutivo de primer nivel, pero siempre atento a las cuestiones estratégicas de la comunicación, Giró ha concentrado en su figura un amplísimo poder. Ha pasado de la aplicación aséptica de la táctica a caballero de la estrategia. Y, aún más: es el vínculo de la entidad con el mundo exterior, allí donde se cocinan políticamente las decisiones que pueden influir en el negocio. Nada que pase en la ciudad (sea Madrid o Barcelona) con interés para La Caixa puede pasar desapercibido a su aviesa mirada. Una cualidad que Fainé ha recompensado con un cargo de su máxima confianza.

Hay más personajes del mundo empresarial que giran en torno del satélite La Caixa con gran relación con Fainé. Su amigo Salvador Gabarró, en Gas Natural; el nuevo consejero delegado del banco, Gonzalo Gortázar; y Juan Antonio Alcaraz, al frente del negocio, entre otros. Y los no mencionados no son un olvido, sino una voluntad. Con todo, en esta etapa revolucionaría abierta por el banquero quedan todavía algunas cosas por conocer. Por ejemplo, ¿qué sucederá con Antonio Brufau al frente de Repsol? Tiempo atrás, cuando más desprestigiado estaba por sus líos con Argentina y con algunos socios como Pemex, se especuló con su eventual relevo por Juan María Nin, probabilidad que andaba errada. No debe descartarse, sin embargo, que sea un catalán quien pueda ejercer ese cargo mientras Criteria siga siendo uno de sus accionistas de referencia. Y, de cumplirse ese vaticinio, no serían tres sino cuatro los hombres del presidente.
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