Talento, emigración y  economía

12 de noviembre de 2015 (18:25 CET)

"Because it's 2015" ("Porque estamos en el 2015"). Así respondió el nuevo primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, para explicar su apuesta por un gabinete que respeta el equilibrio de géneros y la diversidad social. Una característica del "nuevo" Canadá es la integración, sin olvidar los orígenes y la defensa del país de acogida.

La ministra de Instituciones Democráticas, Maryam Monsef, es una refugiada que huyó hace 20 años de Afganistán. El ministro de Defensa, Harjit Sajjan, es un ex policía, nacido en India. La ministra de Justicia es Jody Wilson-Raybould, de la población aborigen.

La imagen de la inmigración en EEUU es la de los obstáculos, los empujones, los roces entre comunidades, y la relegación social. Pero también es la imagen del éxito, la de los emprendedores que aportaron su dinamismo y esfuerzo en beneficio de la economía de su país de adopción.

El 40% de las empresas Fortune 500 fueron fundadas por inmigrantes o sus hijos, y su influencia internacional es enorme. Estos empresarios inmigrantes crearon el 28,5% de las nuevas empresas en 2014, el 25,9% en 2013 o el 13,3% en 1996.

La OCDE ha señalado que el saldo fiscal de la inmigración ofrece un porcentaje positivo del 0,5% del PIB. Es decir, las personas inmigrantes aportan mucho más de lo que reciben.

La asociación Barcelona Global ha publicado un estudio que revela el elevado nivel académico que poseen los extranjeros que están en Barcelona viviendo y trabajando. Las cifras detallan que un 50,7% están en posesión de un máster mientras que un 26,4% posee un doctorado y un 17,6% son licenciados.

Un informe de la UAB indica que España necesitará en 4 o 5 años inmigrantes jóvenes y cualificados para solventar la caída demográfica, pero también para ocupar puestos de trabajo que, paradójicamente, no podrá asumir un importante colectivo de parados españoles con dificultades por falta de formación.

La Caixa reveló en un estudio en 2011, en plena crisis, que el 30% del crecimiento del PIB en los últimos 20 años ha sido consecuencia directa de la llegada de inmigrantes; y en otro estudio de 2014, que el 78% de los hijos de extranjeros se integran sin problemas en España. Solo un 4,3% muestra síntomas de inadaptación.

La Oficina Nacional de Investigación Económica de Francia indica que cada inmigrante ayuda a crear 1,2 empleos indirectos; más de la mitad de estos puestos de trabajo se encuentran en actividades no reubicables.

En la mayoría de los casos para los inmigrantes elegir el país de acogida no depende de la generosidad del  Estado del  bienestar, sino de las oportunidades económicas que esperan encontrar. Y de la seguridad para vivir en paz.

Los inmigrantes traen habilidades que contribuyen al desarrollo, a crear empresas y, por tanto, puestos de trabajo. Los menos cualificados ocupan las vacantes más difíciles, lo que lleva con el tiempo a los trabajadores nacionales a ocupar mejores puestos y, en consecuencia, mejor remunerados.

En muchos países de acogida, la tasa de creación de empresas es mayor entre los inmigrantes que entre los nacionales. Ningún empresario podría imaginar una mayor asunción de riesgo, que haber dejado todo atrás y arriesgar su vida y la de su familia en un viaje incierto hacia un país desconocido.

En tiempos de crisis económica, los temas referentes a la inmigración se dimensionan con más intensidad e incluso se pueden distorsionar para enmascarar otros temas/problemas.

Es fácil dejarse llevar por las emociones y sentimientos de propiedad que han conducido, dependiendo de las circunstancias, a actos terroríficos o la compasión en caliente.

Obviamente, no podemos borrar lo que nos hace diferentes. La cultura, la religión, la educación son parte de lo que es cada persona. Seguro que hay caminos para que estas diferencias sean una fuente potencial de riqueza en lugar de una fuente de sospecha y temor.

Durante décadas, la gente con talento de los países en desarrollo se trasladaban a estudiar y luego se quedaban a trabajar en las economías avanzadas de Occidente. Pero últimamente en muchos países emergentes, la fuga de cerebros se ha revertido.

El talento sin fronteras crea valor, un estilo incluyente y adaptable que cultiva la capacidad para sacar lo mejor en un entorno diverso. Es un gran revulsivo para la economía, la creación de nuevas empresas y la internacionalización.

En EEUU, Canadá o Brasil (países donde conviven y trabajan diferentes nacionalidades), las empresas más exitosas son las que incorporan las influencias, y valores de otras culturas. Permiten a un amplio espectro de personas a participar activamente y aprovechar su potencial. No se puede evitar el cambio, que será enriquecedor si se  respeta la igualdad de géneros y la diversidad.

No se puede dejar de imaginar la cantidad de posibilidades que hay para sumar culturas y capacidades, y utilizar esta sinergia más allá del negro o blanco. A menudo se olvida que la diversidad es, de hecho, lo único que todos tenemos en común.
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