Soriano quiere desbordar a Platini

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PROFESIONALES

21 de agosto de 2012 (12:36 CET)

La consultoría abre el apetito de la imaginación. Y Ferran Soriano es un caso clínico de desborde de ideas aunque no siempre respaldadas por su gestión, como se ha visto en Spanair.

Cuando desde las instituciones civiles y políticas le vendieron la moto, el ex vicepresidente del Barça desconfió a fuer de entusiasmo: “Tenemos detrás a Lufthansa, a su alianza aeronáutica y La Caixa”, siempre La Caixa. No era verdad; y, en el momento en que lo descubrió, cuando supo que detrás del proyecto Spanair no ha había fondo de armario financiero, ya era demasiado tarde.

AENA atribuía espacios y hangares en la nueva terminal (T-1), a la espera de que el mercado respondiera. No lo hizo y el resto es bien conocido. Las llamadas compañías de tercera generación (lo que antes se entendía por low cost) van cayendo, una tras otra, todas menos Vueling, la segunda marca de Iberia. Así se puede. Soriano soñó despierto en algo así. Quiso merecer su presidencia a la sombra de la poderosa alemana. Pero el amparo de la compañía de bandera germánica se detuvo en Münich (el sub hub centroeuropeo), camino de Frankfurt (el auténtico hub).

La consultoría es voraz. Lo es, como se está viendo en firmas como Cluster, fundada por Soriano y por su socio y amigo Marc Ingla, cuya enajenación les enriqueció en la flor de la vida. Fue al inicio del ciclo alcista de la era de Laporta-Rosell, nacida en 2003, pero germinada en la larga decadencia del nuñismo. Las firmas al estilo de Cluster operan en el Golfo Pérsico, la tierra prometida de los jóvenes eternos, como Víctor Pou, miembro de la generación Soriano-Ingla, la de Mac Group, Reckitt Benckiser, Nauta o la citada Cluster Consulting; la de Ingla, Javier Rubio, Marcel Rafart y Jordi Viñas, siempre dispuesta marcar el último precio o a definir el penúltimo pelotazo.

Pou, vinculado a la propiedad del diario Ara, cuenta con lazos en Abu Dhabi, donde Soriano quiere anclar su última singladura: una inversión industrial poderosa camino de Catalunya. Los ojos de Pou (o de otros) y sus propias manos serán suficientes.

Desde la dirección general del Manchester City, presidido por Khaldoon al Mubarak, se abarca el inmenso portfolio de los petroeuros. Soriano lo hará bien y se llevará en la maleta a Txki Beguiristain, algo más que un secretario deportivo, o mejor dicho, un secretario deportivo deslumbrado por el brillo de la gestión y de sus apetitosos réditos. Soriano situará al City en el mapa económico internacional. Le aplicará su medicina hecha de imaginación y desparrame, siempre que alguien pueda pagar después los gastos; y, hasta donde sabemos, Al Munarak puede.

Reabrirá el melón del C-14, aquel organismo integrador de los clubs más poderosos de Europa que desafían al plenipotenciario Michel Platini, señor de haciendas y estados capaz de negar legitimidad a los clubs y de añadir a la FIFA en su enorme despropósito.

Es mejor trabajar fuera de casa que ser el hijo del dueño. Ahí radica la fuerza de Ferran Soriano, el autor del libro La pilota no entra per atzar, traducido a más de 10 idiomas, entre ellos el japonés y líder del ranking de business books. Nació en el barrio barcelonés del Poblenou; hijo de una peluquera y de un comerciante cárnico. Sabe lo que vale un peine. Salió de la meritocracia, germen del culto a la ambición.
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