¿Son tontos los mercados?

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07 de abril de 2012 (21:23 CET)

La prensa del régimen ha reaccionado compungida ante la respuesta de los mercados a los primeros presupuestos de Rajoy. Subida de la prima de riesgo y bajada de las bolsas. ¿Cómo podría ser que el Europa y el mundo civilizado no valoraran la gran esperanza blanca de España, después de haber hecho la reforma laboral?

Los analistas internacionales pero no se dejan convencer por la picaresca madrileña. ¿Alguien sensato pondría un euro en un país cuyo Gobierno, formado por altos funcionarios, prioriza la defensa corporativa de sus intereses a la del bien común? Entonces, no es la economía, estúpidos; es la estupidez, estúpidos. ¿Alguien apostaría un céntimo en un Gobierno que hace los recortes más grandes en los presupuestos en educación e investigación? España da una señal clara a los mercados. Quiere volver a la sarsuelera tradicional del que inventen ellos. Y, por otro lado, castiga con la peor inversión en los territorios que tiran del carro y que hacen que en los ránkings internacionales España no haga el ridículo porque aseguran casi la mitad de las aportaciones en investigación, el 40 % de las exportaciones y más de la tercera parte del PIB: Cataluña, Baleares y Valencia. Unos presupuestos, pues, que se cargan los tractores del progreso económico de España.

Mientras tanto, los analistas ven a un Gobierno que continúa invirtiendo en AVEs que acaban en un callejón sin salida, a diferencia de Portugal o Alemania que decidieron su paralización. Ven a un Gobierno que no tiene ninguna voluntad de abordar las reformas que soltarían lastre. Adelgazar el Ministerio de Defensa, suprimir las provincias y las diputaciones. Eliminar ministerios con competencias traspasadas como agricultura, cultura, medio ambiente o sanidad, entre otros. Intervenir los bancos y cajas que han recibido dinero público. Leyes antitrust y de liberalización real de los servicios públicos y regulados que nos sitúan en los primeros lugares de la lista en precios y en los últimos en servicios, en campos como la energía o la telefonía. Eliminar sistemas de clientelismo y de fraude social extendido, como el PER y otros subsidios que no hacen otra cosa que condenar a territorios enteros a vivir de la sopa boba. Descolonización de Ceuta y Melilla, dos plazas africanas que cuestan un dineral al Estado central. Reciclaje de las fuerzas de orden, destinadas obsesivamente en combatir el terrorismo vasco, para especializarse en delitos económicos y en la persecución del blanqueo de dinero de las mafias internacionales que campan por libre en la burbuja especulativa española.

En esta semana de pasión, podría continuar con una larga letanía de deberes que los mercados, que no son tontos, no perdonarán. No lo haré. El que está claro pero, es que España acabará arrastrando Europa hacia el desastre. Y sólo una intervención integral europea que elimine la capacidad de decidir de la casta oligárquica, financiera y funcionarial que nos desgobierna históricamente desde Madrid, nos puede permitir un Domingo de Gloria. Que sepa Europa, por lo que está en juego, que los dirigentes españoles actúan bajo un único lema: Antes hundida, que desvertebrada. 
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