Sócrates ha demostrado que Mas nos engaña

18 de febrero de 2015 (20:02 CET)

El titular de este escrito aunque es una diacronía invertida en el tiempo, es rigurosamente cierto: Sócrates demuestra que el lector de Homero, el buscador de Ítaca, nos engaña.

Sócrates fue el maestro de Platón. Un sabio. Ha pasado a la historia de la filosofía con una frase que no hay que ser un leído para haberla oído: sólo se que no se nada. Los sabios son personas modestas.

Si Sócrates pudiera viajar en el túnel del tiempo, le plantearía al President de la Generalitat una pregunta que era la fórmula que empleaba para descubrir la verdad. Y la pregunta sería ésta:

—¿Por qué crees que el mundo no entiende tu pretensión de separarte de España? (para los griegos Iberia).

Y es que uno de los dos principios socráticos esenciales es que el bien y el mal, lo justo y lo injusto, no son valores de las personas o de los pueblos, sino que son universales. Y éste es el talón de Aquiles del separatismo de Mas.

Jugando en casa, el discurso de un buen orador nacionalista es invencible, pero sólo cuando juega en casa. Otra cosa es en campo contrario. Entonces deja de funcionar. El discurso se resquebraja de los pies a la cabeza, y esta ruina es la señal evidente de que la casa está construida con materiales de derribo. Porque a mí siempre me han ensañado que la verdad es la verdad, la digas en Vilanova del Vallès o en Villanueva de los Infantes, pero si sólo es verdad en Vilanova, miau… Esa verdad hay que ponerla en cuarentena.

Sin embargo, en el discurso nacionalista, y no sólo en catalán sino en todos (pero ahora estoy hablando de él), la verdad cambia según las  coordenadas geográficas que tengas: si tienes al Ebro como frontera sur, pero ojo, no todo el Ebro, sino sólo cuando el Ebro penetra en la provincia de Lleida. Algo debe fallar en ese discurso tan limitado geográficamente. ¿No les parece? Si fuera cierto que España nos roba, ¿por qué no se puede defender la verdad fuera de los muros de la patria mía? En los territorios más vecinos como Castellón o Huesca, o en los más lejanos de Berlín o Bruselas, París o Londres, Washington o Moscú, ese discurso no se puede vender porque no hay nadie que lo compre. Sólo en Turín, en la república bananera de la Liga Norte del histriónico Umberto Bossi.

Tendrían que meditar sobre esta incomprensión universal los que aún tengan en el software de su mente espacio disponible.

La mejor prueba de que eso es así es que nuestros independentistas han puesto sordina al planteamiento del presidente del Véneto de intentar organizar un referendo como el del 9-N, alegando que Venecia iría mucho mejor que ahora si se convirtiera en lo que fue hasta hace ciento sesenta años: la Serenísima República de Venecia.

Los mismos independentistas que aplaudían a Quebec y a Escocia (batallas pérdidas), miran a otro lado en lo de Venecia, pese a que si hablamos de Historia, la Venecia independiente es la más cercana en el tiempo: 145 años.

Sócrates tiene razón. Mas tendría que leerlo.

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