Sixte Cambra: el polizón de 'Forbes'

27 de abril de 2014 (00:00 CET)

Sixte Cambra se destetó en 1989 como candidato a la presidencia del Barça. Ahora, un cuarto de siglo después, instalado en la presidencia del Puerto Autónomo de Barcelona domina el hinterland más poderoso del Mediterráneo. Y, burla burlando, coloca concesiones a conveniencia como ha hecho en los entornos de la Bocana Nord, el último nido del lujo, con Abramovich, Florentino, Folch-Rusiñol y Fefé en el mascarón de proa; sin olvidar al Hotel Vela, un estandarte a media asta que lesiona la Ley de Costas.

La Bocana Nord y sus aledaños son del dominio de Formentera Mar, el grupo Mayol, que gestiona los puertos deportivos como la Savina en Formentera, Citadella, Andrax, el Moll Vell de Palma, Cumasaya (Sant Domingo) o Gran Bahama (Bahamas).

El Grupo Mayol prometió invertir 30 millones en el proyecto a través de su banco amigo, la Banca Mora de Andorra, pero finalmente la entidad financiera decidió retirarse del proyecto. Mayol se quedó seco y recurrió a la persuasión. Consiguió de Sixte Cambra otras dos concesiones menores a dedo, en las zonas que circunvalan la Bocana. Y ahora sí. Además de lujosos pantalanes, el clúster náutico incluirá edificios destinados a vivienda y servicios.

En estas condiciones, será negocio. Tanto que la Banca Mora se arrepiente de haber abandonado y se lo replantea de nuevo. Pero ya es demasiado tarde. A Mayol le sobra financiación; recibirá apalancamiento a muy buen precio, desde cualquier banco con un sentido del riesgo comedido.

El ex senador Sixte Cambra empezó en los comicios del Barça del 89. En aquel momento, CiU daba su apoyo a Sixte para desbancar a Núñez, un conservador tocado por los intereses de la vetusta Alianza Popular (ya convertida en PP) de Joan Gaspart, testaferro catalán de Fraga Iribarne. Intervino el mismo Lluís Prenafeta. El entonces secretario de la presidencia de la Generalitat se reunió con Núñez y tuvo que desmentirlo cuando el ex presidente del Barça afirmó que habían acordado una candidatura conjunta.

La tensión entre Generalitat y Barça permaneció durante mucho tiempo. Pero Núñez supo ganar la mano a base de paciencia y medias verdades, un estilo genuino del palco del Camp Nou, dominado entonces por los señores del tocho, el cártel del metro cuadrado, los Chicote, Pulido, Reyna y compañía.

El Barça y el claroscuro hacen buenas migas. Se vio con Joan Laporta, el abogado que confirmó ante un juez haber metido la mano en los negocios de Kazajistán. Y se ha lamentado recientemente con Sandro Rosell, el hombre que encarna la gran desilusión.

Después de aquel capítulo electoral con Núñez, Sixte Cambra dejó de porfiar en el mundo del fútbol para meterse de lleno en el Tenis Barcelona, la otra gran entidad, más restringida y situada en el lado montaña de Diagonal. Hizo carrera al rebufo del brillante Juan Antonio Samaranch, ex presidente del COI.

En los Juegos del 92, Sixte fue nombrado director del Estadio Olímpico de Montjuïc, un cargo festoneado por el influyente Primo Nebiolo, el hombre fuerte de la Federación de Atletismo (IAAF). Cuando Barcelona entera sentía mariposas en el estómago, Sixte ocupaba el palco de autoridades en Montjuïc. Los cachorros de la Joventut Nacional de Convergència (Pujol hijo; Prenafeta hijo; Felip, el ingeniero de caminos; Madí y tutti quanti) colgaron en la grada aquellas pancartas que invocaban la libertad nacional y que tanto increparon al cosmopolitismo olímpico de Pasqual Maragall, Leopoldo Rodés y Carlos Ferrer-Salat.

Sixte fue la cara de Pujol en el palio del 92. Soportó, ceño fruncido, la incautación de la memoria por parte de Maragall. Ahora impulsa el clúster náutico que quiere posicionar a Barcelona en la referencia de los puertos deportivos del mundo. Nadie le discute su don de la oportunidad. Lo que está en discusión no es la concesión de la Bocana Nord, sino las otras licitaciones menores que han llegado a la concesionaria sin necesidad de presentar plicas. Cambra tiene sentido del ritmo y celeridad.

Entró en el mundo del tenis sin dominar el passing y devolviendo de revés a dos manos desde el fondo de pista. Se hizo dirigente atlético sin pasar por la pista y estuvo a punto de presidir el Barça sin distinguir un córner de un offside. Tiene sentido del gesto. Sabe estar. Sus mejores clientes, montados en yates de recreo, dejarán pingües beneficios en el clúster náutico. Abonarán tasas e impuestos especiales sin pestañear. Y, a cambio, él tendrá que vestir blazer con botones dorados y ancla en la solapa. Será el polizón de Forbes, el ranking de los más ricos.
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