Siria: gritos en el silencio

18 de febrero de 2016 (23:30 CET)

La posibilidad de éxito respecto al acuerdo entre EEUU y Rusia de un alto de fuego en Siria tiene pocas probabilidades. Como siempre la clave sería su implementación que no está definida, lo que no podría ayudar a poner fin a la tragedia.

Pese al tiempo que dura la guerra, Siria ha visto como EEUU no se ha preparado lo suficiente y el Zar ruso ha conseguido ganar una batalla en una nueva guerra fría.

El fuego sirio está emitiendo radiaciones en dirección a países lejanos y cercanos. Pero como la ONU y los vetos de unos u otros han impedido tomar medidas para presionar y detener la contienda, se ha facilitado una tragedia para millones de personas.

Además, se permitió encontrar un nuevo refugio a grupos extremistas como Daesh, se promovió la violencia en algunos países vecinos y se exportó el problema a Europa empujando a centenares de miles de refugiados.

Los resultados sobre el terreno son impredecibles, pero las previsiones de un conflicto que ha matado ya a cientos de miles no son optimistas. De hecho, ha dejado muchas zonas del país en escombros.

Siria vive una despiadada y cruel guerra civil y una confrontación regional sin precedentes: una prueba de fuerza entre las grandes potencias. Siria necesita un consenso internacional y parar la guerra civil y la propagación de la crisis a los vecinos y a Europa.

Más allá de los bandos que luchan y la geopolítica de las potencias, por encima de todo hay que pensar en el alto coste humano imposible de cuantificar. En definitiva, un sufrimiento terrible a una población civil muy castigada, en un país sobre el que se cierne la realidad de la destrucción sin saber cuál es el futuro incierto que le aguarda.

Siria ha roto grandes hitos históricos vergonzosos: el número de niños y niñas obligados a huir de su patria ha alcanzado los 1,2 millones. Más de 270.000 muertos, la mitad de la población desarraigada y un país en ruinas. La revuelta contra el régimen se ha convertido en una guerra devastadora.

El balance no incluye los miles de desaparecidos cuya suerte se desconoce. 486.700 personas viven actualmente en una zona sitiada por el ejército o los rebeldes. Decenas de personas murieron a causa de la desnutrición y la falta de asistencia médica.

Con 23 millones de habitantes, 13,5 millones de sirios están desplazados por la guerra y se han quedado sin hogar. 5 millones de personas han huido del país. Se trata de la población de refugiados más grande para un solo conflicto en una generación. Turquía acoge a 2,5 millones, Líbano a unos 1,2 millones de personas y Jordania más de un millón.

Los refugios en los países vecinos están llenos y las organizaciones de socorro se han quedado sin existencias. Se enfrentan a la pobreza extrema, los problemas de salud y las tensiones crecientes con las comunidades locales.

Además de la crisis humanitaria, los riesgos políticos relacionados con los combates irán en aumento. Una gran mayoría de los refugiados quieren ir a Europa, por su cuenta y riesgo, a través de las redes de contrabando.

El conflicto ha devuelto tres décadas atrás la economía, que experimentó una desindustrialización masiva debido al cierre de empresas, la quiebra, el saqueo y la destrucción.

Las exportaciones cayeron un 90%. El país se ha privado de casi todos sus ingresos y la mayoría de sus infraestructuras están destruidas. Las pérdidas en el sector del petróleo y gas ascendieron a miles de millones de euros. Siria vive sin electricidad en casi 80% del territorio y escases de agua.

Se estima que el coste económico de la guerra en Siria y su impacto en los países vecinos, Irak, Egipto, Líbano, Jordania y Turquía ascendió a unos 34 mil millones de euros. Este coste no incluye los recursos asignados por los vecinos de Siria para proporcionar servicios básicos a los refugiados.

Esta Guernica Siria ha dejado al descubierto no sólo la hipocresía internacional, sino también su impotencia. Una vez más, esta región imán para las intervenciones militares de grandes potencias ha causado enormes bajas que no han servido ni para restaurar la paz y la estabilidad ni la democracia.

El caos actual es difícil de entender para el ciudadano europeo, pero lo que está en juego en Siria afecta a todos. Urge detener la tragedia. Ya no vale pedir prudencia, cautela, consenso, y vetos, si se deja de proteger a una población indefensa.

La comunidad internacional no puede apartarse a lo que está pasando. La alternativa no es la pasividad o unas negociaciones para limpiar conciencias. En lugar de bombardeos y campañas militares, urge lanzar una ofensiva diplomática. Un plan que incluya un acuerdo político, una solución general de la situación en su totalidad, un enfoque más global que tenga en cuenta las aspiraciones de los sirios a la libertad y dignidad.

Y si no, ¿cuántos más sirios tienen que morir y cuántas ciudades deben ser destruidas hasta que la conciencia internacional se mueva para detener esta sangría?
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