¡Sí! Reivindiquemos la transición

09 de febrero de 2015 (19:59 CET)

¿Qué le está pasando a esa generación que durante los años de la transición, la Constitución, los Pactos de la Moncloa y la adhesión a la Comunidad Europea, vivió con orgullo su militancia política, sindical, empresarial, así como en entidades profesionales y ciudadanas, y hoy no pide la palabra para, desde su experiencia, rebatir con argumentos y conocimiento, las descalificaciones de la acción política de aquellos años?

¿Qué le retiene a esta generación y la acalla, cuando por primera vez en este país, con una larga historia tan poco edificante en el arte de la política, en aquellos momentos especialmente complejos y difíciles fue capaz de construir un edificio de convivencia democrática que ha sido ejemplo de inteligencia, madurez y generosidad?

¿Qué razones --o complejos-- explican el silencio de quien conoce bien el valor del trabajo realizado, que con orgullo e ilusión abrió un tiempo nuevo de esperanza y supo enterrar los viejos demonios que tantas veces han perseguido nuestra convivencia, haciendo de España durante décadas un lugar injusto, triste, pobre y atrasado?

¿Qué hace que permanezca muda ante las críticas feroces de esos sectores de la opinión pública y de dirigentes políticos, que nos explican que aquello fue un pacto entre élites y que la razón y causa de todos nuestros problemas de hoy están en el pragmatismo, el diálogo y el consenso entre diferentes de aquellos años que edificó nuestra convivencia, una práctica, por cierto, ajena a nuestra historia y presente y al parecer podría también ser ajena a nuestro futuro?

¿Qué le pasa a esa generación comprometida, idealista y activista, en la que la parte más brillante de cada disciplina y actividad se comprometió en la cosa pública y en mejorar su país, que hoy no es capaz de salir en tromba a defender una de las pocas obras decentes de nuestra negra y triste historia política llena de desprecio de la cosa pública, de sectarismo e individualismo que explican muchas de las razones de nuestro histórico retraso social y económico?

Porque deberíamos saber que nuestros problemas no vienen, ni están en los fundamentos del edificio que se construyó desde el dialogo, el consenso y la concertación. Ni tampoco son la causa de nuestra incapacidad de ver como día a día se iban degradando los muros, vigas y columnas fundamentales de ese edificio que constituyen las reglas democráticas, el control y la transparencia de las instituciones y que han provocado la pérdida de su credibilidad.

Nuestros males no están en el edificio ni en sus materiales, por deficientes que éstos fueran. La razón deberíamos buscarla en sus habitantes porque nos ha fallado la ética política y ciudadana  equivocando las prioridades, devaluando injusta y temerariamente el valor del trabajo, la formación y el esfuerzo frente a la especulación y el endeudamiento, devaluando el valor de lo colectivo y la cooperación frente la mistificación del individualismo.

El edificio está destrozado por el mal uso y la falta de cuidados por parte de sus vecinos que somos la sociedad española. Un edificio, España y sus instituciones, que precisa una urgente reparación que sólo puede venir desde el diálogo y el compromiso común. Que no vendrá de las soflamas de "pared contra pared", aunque a corto plazo puedan dar altos réditos electorales a los dos extremos que la defiendan. Ni tampoco vendrá por dinamitarlo o que una parte de sus vecinos abandonen el edificio para construir otro más pequeñito con los mismos materiales degradados.

Saldremos de esta crisis si nuestras instituciones son capaces de repararse y ejercer su liderazgo, con valentía e inteligencia. Cosa que es muy probable que nos demuestren en estos días, una vez más por cierto, las dos grandes Confederaciones Sindicales, CCOO y UGT, con la firma del Acuerdo con la Patronal, dando un buen ejemplo del valor del diálogo y la negociación y que sería justo que sus protagonistas recibieran el reconocimiento social que merecen. Pero es muy posible que no sea así, porque sabemos bien que, en nuestras tierras y en estos tiempos, las posiciones más proclives a las complejidades de la sutil negociación y el diálogo no salen bien en la pantalla de televisión. Como tampoco el reivindicar y defender hoy el valor de aquella transición. 


Joaquim González Muntadas es director de Ética Organizaciones SL
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