Secesionismo sin 'Big Data'

07 de enero de 2014 (00:00 CET)

Aumenta la percepción de un proyecto secesionista con excesivas improvisaciones. Hay un contraste desproporcionado entre la dimensión emocional del deseo y el requerimiento racional de la realidad. En términos de opciones de información, es como si el plan Mas  --cada vez más erosionado por la contradicción y el error-- desatendiese algo tan fundamental como el big data, es decir el poder tecnológico para procesar grandes conjuntos de datos en constante fluidez y luego hacer previsiones. Sería útil en un proceso político que requiere una inversión --o reversión-- tan drástica como es una ruptura secesionista.

Incluso antes del procesamiento de big data, la ciudadanía desconoce datos tan elementales como el número de participantes en las dos últimas grandes manifestaciones, en cuantas escuelas concertadas se ha pactado una enseñanza bilingüe, como se calibra que España nos roba, cuánto cuesta la promoción internacional del independentismo. Parece que la opinión pública todavía no asume que una Catalunya independiente no pertenecería a la Unión Europea. O por ejemplo: ¿Cuántos de los manifestantes del 11-S estaban allí en protesta por los recortes de Artur Mas?
 
 
Puede decirse que el independentismo emotivo ha superado el software de una Convergència sin rumbo

Más allá, falta la dimensión de big data, esos conjuntos de información que incluso superan el software de todos los días. Haría falta afinar mucho en el procesamiento de big data. Puede decirse que el independentismo emotivo ha superado el software de una Convergència sin rumbo. Haría falta un Nate Silver para entrecruzar datos y referencias hasta lograr una cierta veracidad y rigor. Nate Silver es un joven gurú de las estadísticas y del big data. Aprendió a acertar sus primeras previsiones al cruzar, cotejar y almacenar inmensas cantidades de información sobre el béisbol. Luego ha atinado con el resultado de dos elecciones presidenciales.

En este momento crítico, la sociedad catalana necesita conocer sus big data porque se la está invitando a dar un paso de consecuencias excepcionales. En su ensayo bestseller sobre el por qué tantas predicciones fallan pero otras no, Nate Silver explica como estadísticas, modelos matemáticos y cálculos de probabilidad pueden ser aplicados a procesos políticos o a la previsión meteorológica. Habrá que leer el libro de Silver. En tiempos antiguos, los augures escrutaban las entrañas de un animal sacrificado para predecir el futuro. Hoy tenemos el análisis de datos.

De procesar bien toda la información en los hangares digitales, menos frágil y volátil será la evaluación de predicciones en una sociedad avanzada como es la catalana. Habría que meter en el gran ordenador las probabilidades de polarización o de estancamiento. Por supuesto, hay que ser muy malévolo para suponer que el primer interesado es desconocer esos big data es el secesionismo.
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