Se acaba la película de Oriol Pujol

14 de julio de 2014 (21:09 CET)

“Y al que apetezca la gloria debe despedirse a tiempo del honor y dominar el arte difícil de irse en el momento oportuno”

Friedrich Nietzsche


Oriol Pujol Ferrusola (Barcelona, 1966) deja los órganos de gobierno de CDC y su escaño en el Parlament de Catalunya. Se va tarde, mucho después de que la justicia le apuntase pudorosamente como presunto autor de delitos de cohecho y de tráfico de influencias. Para más inri, hasta su esposa, Anna Vidal Maragall, está implicada en la presunta trama de corrupción vinculada a las ITV y a las desinversiones de grupos multinacionales en el territorio catalán.

Todo eso sucede mientras sobre su familia siguen existiendo dudas razonables con respecto a manejos económicos y de influencias. Actuaciones que ponen en entredicho una parte del legado político de su padre, Jordi Pujol, un hombre al que no se le pueden negar algunos activos en el ejercicio público, pero cuya herencia puede disolverse con rapidez ante los claroscuros que su entorno familiar ha tejido a su alrededor. 

 
La política catalana pierde un símbolo, no un activo. Quizá gane en transparencia y democracia

Oriol Pujol deja la política, aunque no por voluntad propia. Su abogado Javier Melero estaba muy seguro de que su caso era fácilmente manejable en los tribunales. Hay que esperar a ver qué determina la justicia y respetar sus decisiones, pero la primera consecuencia de lo sucedido es la muerte política del hijo del ex presidente.

Aquel chico que sin tener cargo alguno ya frecuentaba las reuniones del Gobierno catalán por el único mérito de ser el hijo del presidente (con sumo cabreo de varios consejeros), que muy pronto conoció el ejercicio del poder y que sin apenas experiencia tomaba decisiones a diestro y siniestro con la nación como coartada ha visto truncada su ambiciosa carrera política. No hay que regodearse de la desgracia ajena, pero si aprender: de aquellos polvos llegaron luego unos insondables lodos.

La política catalana pierde un símbolo, no un activo. Quizá gane en transparencia y democracia. Lo único bien hecho por Oriol Pujol en estos últimos años es retirarse, aunque sea a destiempo. Desde que se conoció lo suyo sólo ha ensombrecido aún más la reputación de un partido, el suyo, capaz de mantener diputados en activo bajo imputación y con serias sospechas de comisión de delitos incompatibles con el ejercicio de la política. Todo ello mientras se mira a Madrid y se le acusa de todas las plagas bíblicas.

Nada más conocer la noticia escribí un irónico tuit: “Adiós Oriol Pujol, algunos te recordarán. Bien o mal es otra cosa...” Pues eso: Felip Puig y Germà Gordó entran en escena. Empieza el rodaje de una nueva película. De momento, con la incorporación de nuevos actores. Veremos si muy pronto con nuevo guión y director.
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