Scaramouche y el gato de Schrödinger

25 de septiembre de 2015 (18:47 CET)

Este domingo los catalanes votaremos. Y vamos a votar en unas elecciones catalanas como siempre hemos hecho, para elegir un parlamento y un gobierno autonómicos que lleven a cabo su tarea con ejemplaridad y rebosantes de responsabilidad y servicio a la ciudadanía. Pero he aquí que un señor, el que supuestamente representa al Estado en Cataluña y a todos los catalanes, nos dice que no, que a pesar de votar legalmente en unas elecciones autonómicas lo que estamos votando es un 'plebiscito' donde debemos escoger decir sí o no a la independencia, ese eufemismo que el presidente Mas usa para hablar de secesión como concepto positivo.

¿Y como votaremos este sí o no a su obsesión secesionista? Escogiendo entre votar una mezcla antinatura que se presenta como lista única o lista de país, o votar a partidos de concordia, que se manifiestan sin tapujos como catalanes y españoles, con un mensaje inequívoco, y que presentan un programa electoral serio, con la esperanza de que la cordura se imponga y estos partidos puedan gobernar Cataluña con un acuerdo político que tenga como principal objetivo ponerse al servicio de la ciudadanía y crear una sociedad más próspera, más plural, más libre e inclusiva, en definitiva, una verdadera Cataluña de todos. Porque en la actual Cataluña secesionista del presidente Mas y sus correligionarios no hay espacio para la pluralidad ideológica, sólo para el pensamiento único y los actos 'festivos' de tipo norcoreano, donde incluso nuestra 'Diada' está al servicio de aquel 'prusés' rupturista que unos pocos nos quieren imponer al resto, a toda la sociedad catalana, aunque muchos ni compartimos ahora ni compartiremos jamás sus ideas.

La lista única es una mezcla antinatura porque en ella se reúnen como solistas, con un único punto en común, la derecha más rancia y la izquierda asamblearia -algo del todo insólito- y llevan a sus extensiones asociativas subvencionadas y a miembros de la sociedad civil -separatista- como grotescos coristas de esta ópera bufa en que han convertido la política y la sociedad catalanas contemporáneas. Pero esta opereta no sólo hace reír, también tiene su parte trágica y oscura, pues debemos recordar cuáles son los socios de esta perniciosa aventura: por decir uno, EH Bildu -el partido representante de la izquierda abertzale o nacionalismo radical vasco- que estuvo el día 10 de septiembre en el inicio de la campaña de Junts pel Sí y al día siguiente asistió en la Meridiana a los actos de la tendenciosamente llamada 'Via Lliure', junto al Hipercor, donde ETA, el 19 de junio de 1987, asesinó a 21 personas e hirió de gravedad a 45.

Pero, ¿por qué era realmente necesario hacer esta lista única del partido de gobierno y del principal partido de la oposición? Es bien simple. Porque con la bandera estelada de la discordia y el enfrentamiento se ha querido ocultar aquello -por parte del presidente convergente y sus socios secesionistas- que es mejor que los catalanes no veamos, que permanezca oculto. Pensando en el presidente Mas no hago sino recordar aquel 'gioiello' del cine de capa y espada, Scaramouche (1952), protagonizado por Stewart Granger, aquel cine clásico de aventuras que tanto nos hacía disfrutar de niños y que veíamos en la televisión. En la película Granger interpreta el personaje de André Moreau que, perseguido por la justicia, suplanta la identidad de Scaramouche, el primer actor de una 'troupe' de cómicos. 

En la escena de la suplantación, Granger se encuentra con un Scaramouche borracho que le pregunta retóricamente: "¿Quién es Scaramouche? ¿Por qué esconde su rostro detrás de una máscara?". Scaramouche se quita la máscara, antes de caer al suelo ebrio, y vemos su rostro deforme, que además muestra los crueles estragos del alcoholismo. La fealdad, en un sentido amplio, es la que se esconde tras la máscara de Scaramouche. Y yo me pregunto: ¿Quién es Artur? ¿Quiénes son los de CDC? ¿Por qué se esconden detrás de una lista única con el principal partido de la oposición y sus extensiones asociativas?

Ciertamente Artur Mas ha utilizado como máscara a Junts pel Sí –y a su cabeza de lista- para esconder detrás de ésta la fealdad de su desgobierno, del fracaso económico y político de sus 5 años como presidente, de la corrupción de su partido y del clan familiar del ex presidente Pujol, del 3%, del 5%, de las cuentas en paraísos fiscales, de las sedes embargadas, de la sanidad dañada, de los recortes a los funcionarios, de la merma del estado del bienestar, del aumento de la deuda de la Generalidad de 35.616 a 66.813 millones de euros en los cinco años de sus dos mandatos... y así podríamos seguir un buen rato.

En definitiva, nos toma por tontos a los catalanes porque pretende esconderse como número cuatro tras una lista única como si ésta fuera la de un partido nuevo, de regeneración, sin mácula, con 'grandes' propuestas, vendiendo falsas ilusiones y vanas esperanzas, y como si no tuviera ningún tipo de responsabilidad por el desgobierno, los recortes y la pésima gestión de estos últimos 5 años; y todo ello con el apoyo de ERCque, no lo olvidemos, votó favorablemente los restrictivos presupuestos de 2015.

Antonio Robles, en un artículo reciente, recordaba la afirmación deMarx que la religión era el opio del pueblo y concluía acertadamente que el actual nacionalismo catalán no es otra cosa que una sobredosis de opio identitario. Yo añadiría que este opiáceo nacionalismo secesionista, hasta que no pase el 27 de septiembre, es como el gato de Schrödinger encerrado en la caja y que no sabemos si está vivo o muerto, porque mientras no abramos esa caja, mientras no haya elecciones autonómicas, el gato del 'prusés' está paradójicamente vivo y muerto a la vez. PeroArtur 'Scaramouche' Mas, oculto tras la máscara de la lista única de la insolidaridad, la intolerancia, la manipulación y el supremacismo que conlleva este nacionalismo separatista, la noche del 27S finalmente mirará dentro de la caja y verá que el gato del 'prusés' ha muerto, y que el único resultado de su 'experimento' secesionista, que tanto nos ha perjudicado a los catalanes, será una fortísima división social, una herida sangrante que tardaremos muchos años en curar.

En definitiva, para ver claro, en palabras de Antoine de Saint-Exupéry, sólo hay que cambiar la dirección de la mirada. Y eso es lo que haremos de manera sensata los catalanes este domingo, veremos claro porque miraremos libremente hacia donde queramos mirar nosotros y no hacia donde unos pocos nos quieren obligar a fijar la mirada; miraremos hacia la fraternidad, la concordia, la pluralidad y la prosperidad, y allí, en aquel lugar, no se encontrarán ni Artur Scaramouche ni sus adláteres. 

El victimismo continuado de Artur Mas en estos últimos tiempos, ante la falta de un proyecto político sólido y al servicio de la ciudadanía, indica claramente que el presidente quiere convertirse en un mártir catalán, en un segundo Companys, sea cual sea ​​ el resultado electoral de este domingo. No tiene ninguna otra salida ni para ser recordado por la Historia -de manera positiva, claro, porque la negativa ya se la ha ganado a pulso- ni para tratar de sobrevivir políticamente un mandato más

Estoy seguro que si Hemingway pudiera hablar con él, le diría: Artur,"trata de comprender, no eres un personaje de tragedia".
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