Sareb: el complicado encargo de repartir un negocio de 50.000 millones

07 de agosto de 2014 (20:04 CET)

Repartir un negocio de 50.000 millones de euros no es tarea fácil, al menos eso parece desprenderse del nuevo retraso experimentado por el concurso para la adjudicación de la gestión de los activos de la Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb), que cuando parecía que estaba ya en su recta final, se ha decidido prolongarlo una semana más. En la última semana de agosto, se podría saber quiénes son los servicers adjudicatarios de la gestión de las diferentes carteras de activos que conforman la puja.

La pregunta a estas alturas del proceso gira en torno a si siguen vivos todos los que se han presentado en la línea de salida de esta carrera.

Quienes creen estar en el secreto del proceso señalan que Ceiss (Caja España-Duero) podría retirarse al no poder asumir el componente de inversión que lleva consigo la adjudicación de la gestión de alguna de las cuatro carteras de activos que están en juego. No hay que olvidar que el concurso no se centra exclusivamente en ofertas de gestión y tarifas a cobrar por esa función, sino que incluye compromisos de inversión por parte del adjudicatario para cumplir con las exigencias de la Sareb.

El concurso de la Sareb va a redibujar el mapa del negocio servicer en España en una doble dirección. Por una parte, si alguno de los grandes fondos oportunistas que han apostado fuerte con el negocio no consigue una cartera sustanciosa, podría replantearse su presencia en España.

El caso más notorio es el de Haya Real Estate, el servicer del fondo Cerberus que actualmente gestiona los activos de Bankia y que tiene concentrado más de 80% de sus ingresos en la gestión de esa cartera, por lo que si la pierde, su actividad quedaría reducida considerablemente así como sus opciones de futuro en el sector.

Por otra parte, todavía hay plataformas de gestión de activos financieros e inmobiliarios en busca de nuevo dueño; es el caso de las pertenecientes a Liberbank, Caja 3, Kutxa, Ceiss y Unicaja cuyas operaciones de venta están paralizadas hasta que se conozca el resultado del concurso de la Sareb. Los triunfadores serán los que tendrán verdaderas opciones para comerse esta parte del pastel aún sin adjudicar.

La situación del negocio de los servicers está bastante clarificada y todo indica en que van a quedar dos o tres operadores, que se van a convertir en los grandes gestores de servicios del sistema financiero español.

Tras la adjudicación del contrato la Sareb, algunos duplicarán o triplicarán su tamaño; mientras otros, de menor entidad, se ocuparán de negocios de nicho, con importancia residual. Lo que parece claro es que serán corporaciones de tamaño considerable las que acabarán cotizando en bolsa a medio plazo. Altamira, procedente del Santander y controlada por el fondo Apollo y Servihabitat, de procedencia Caixabank y con el fondo TPG como referencia, parecen ser candidatos seguros. El tercero, se decidirá entre Centerbridge, plataforma de activos procedentes de Banesto y de BMN y Blackstone, que se ha hecho con las plataforma de gestión de CatalunyaCaixa.

Cerberus, que controla la gestión de los activos de Bankia y Cajamar, es el que lo tienen más complicado en la medida en que la deficiente gestión que le ha proporcionado a la sociedad que preside Belén Romana, a través de Haya Real Estate, en algo tan vital para el banco malo como la gestión de los activos procedentes de Bankia, es una de las razones por las que la Sareb ha convocado el concurso de marras.

La reciente publicación de informaciones que señala que Haya había contratado los servicios de una consultora para conocer el estadio real de los activos que gestiona en Bankia, no ha hecho más que empeorar su reputación, ya que demostraría, de ser cierta esta información, que ni siquiera están al corriente de asuntos básicos de los inmuebles que gestionan.

Todo lo contrario de lo que la Sareb busca y parece necesitar: gestores con visión de largo plazo, con implantación cierta en el mercado; con capacidad de crecimiento ordenado, que no dependa de ese contrato para sobrevivir y con estómago para digerir adecuadamente el volumen de trabajo que supone el contrato.
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