Salvemos también a las empresas

05 de mayo de 2013 (16:47 CET)

En tan sólo dos meses de 2013 (enero y febrero) se han disuelto un total 5.526 sociedades mercantiles, es decir 680 empresas más, en comparación con el mismo periodo de 2012.

Por otro lado, el Instituto Nacional de Estadística nos informaba, meses atrás, de que durante 2012 se produjeron 7.799 procedimientos concursales (un 32% más que en 2011) de los cuales, casi el 24% afectaba a empresas con una antigüedad de 20 años o más.

Desafortunadamente en muchos casos ha sido el primer peldaño para su próxima disolución.

Asimismo el Banco de España, a través de su central de balances, anunciaba que en 2012 se había producido un descenso de los beneficios de las empresas del 62% y que en los dos últimos años ya acumula una reducción de un 75%.



Datos, sin duda muy preocupantes, pero de alguna manera “nostálgicos” porque ya no podemos hacer nada por ellas.

Mi pesimismo se centra más bien por las perspectivas de futuro y por la falta de medidas adoptadas para romper esta tendencia tan negativa y, al mismo tiempo, peligrosa.

Las consecuencias son evidentes: unos índices de paro que no se corresponden con los estándares de un país desarrollado ni tampoco de la Unión Europea.

Por eso no entiendo que el Gobierno no tome más decisiones para mejorar el pulso de nuestras empresas, que en este momento es muy débil y desacompasado.

Por el contrario, se impulsan medidas que nada benefician a su desarrollo.

Así por ejemplo el Gobierno ha decidido estos días mantener el alza del Impuesto de Sociedades para el periodo 2013-2016 y realizar una serie de ajustes para aumentar su base imponible y por tanto su recaudación.

Por un lado supone una decisión con derivaciones negativas para que empresas extranjeras inviertan en España y sean una fuente de pedidos futuros a posibles proveedores españoles, con todas las consecuencias que ello lleva.

Por otro, supone un torpedo directo a la línea de flotación de la cuenta de resultados, que unido a la disminución de sus beneficios, provocará una rebaja considerable del recurso más preciado que tienen las compañías: su autofinanciación.

Este dato también explica en parte, la baja inversión en activos no corrientes por parte de las empresas, tal como lo atestigua este indicador en su aportación en la formación del PIB.

Una consecuencia, no sólo de falta de financiación bancaria, sino también por la escasa autofinanciación obtenida.

Si no se pone remedio a esta situación, la combinación es explosiva, puesto que pondrá de nuevo en riesgo la viabilidad futura de nuestras empresas: si no se invierte, no se crece, uno languidece y al final desaparece. Y aquí sí que debo ser pesimista.

En unos días el INE publicará de nuevo los datos expuestos anteriormente, pero referenciados al primer trimestre de 2013. Estemos atentos ya que creo que serán igual de malos.

Tomemos medidas de una vez por todas para salvar nuestras empresas, nuestros ya arriesgados empresarios lo necesitan con urgencia.

—Rafael Sambola Puig es director del Máster de Finanzas de EADA
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