Salir de la crisis en cuatro pasos

16 de abril de 2013 (20:25 CET)

Leo en la prensa que el Eurogrupo (los ministros de economía), reunido en Dublín, descubre, gracias a una comisión de expertos, que las recetas aplicadas (austeridad) no han funcionado --¡qué avidez la de los señores ministros!--. Entre las muchas medidas que han propuesto, les hablaré del crédito. Veamos los pasos que nos harán salir de la crisis.

Abandono de funciones

El papel de la banca en la teoría económica es canalizar el ahorro. De este modo, una entidad recibe depósitos (pongamos por caso) al 2% y concede préstamos al 5%. La diferencia (3%) es su margen. Pero durante esta crisis, muchas entidades han abandonado su tradicional función de intermediario.

Les pondré un ejemplo de una empresa que había conseguido un pedido muy importante (10 millones de euros). Para dar cumplimiento a los plazos del cliente, era necesario invertir urgentemente cuatro millones de euros en materia prima. Cuando esta empresa fue a ver a una entidad para pedirles financiación, este empresario recibió un “no” por respuesta. Es igual que el pedido proviniera de una multinacional que cotiza en el Ibex. No es un caso único.

Composición de la deuda empresarial

En España, el apalancamiento empresarial sobre la banca es altísimo en comparación con el resto de los países de la OCDE. Hasta el 2007 no representaba ningún problema, pero el colapso estrepitoso e imprevisto del sector inmobiliario español ha llevado a los bancos a la clínica de desintoxicación.

Las normas de Basilea II ponen fin a la borrachera de deuda empresarial que el sistema financiero había cogido en décadas anteriores. Este es un camino irreversible y que pocos empresarios y periodistas parecen haber detectado. Lo decía muy claramente Jordi Molins en Singulars: “La banca ni está, ni se la espera".

Incertidumbres sobre los depósitos bancarios

En economía la realidad importa, pero importa aún más la expectativa de esta realidad. Chipre ha desmenuzado una expectativa que había costado décadas de conseguir, y era que el dinero estaba más seguro en el banco que debajo de un colchón en casa. Hoy mucha gente no tiene esta expectativa. Estoy hablando de personas con carrera universitaria y trabajos de responsabilidad, ellos son los que me lo preguntan. Lo explica mejor que yo el economista Sala i Martin en este post.

Volumen y composición del ahorro español

Según el último informe del Banco de España, los españoles tienen unos ahorros de 1,5 billones de euros. Este ahorro es claramente superior en 1,4 veces a la renta del país (PIB), y también a la deuda total de las empresas españolas (1,3 billones de euros, incluyendo las del Ibex, que por cierto, son las más endeudadas).

Exactamente la mitad (734.847 millones de euros) está en forma de depósitos en la banca. Este porcentaje es diez puntos superior al de países como Alemania (40%), Italia, Francia o Reino Unido que no llegan a una tercera parte. Es decir, que si los bancos han podido dejar mucho dinero a las empresas es porque los ahorradores han tenido una gran parte de sus ahorros en forma de depósitos. Es un perfil inversor que la crisis ha hecho madurar (a palos).

Conclusión

En resumen: Los tres primeros pasos ya los hemos dado. Quizá no todo el mundo se da cuenta y cree que algunas cosas volverán a ser como antes. Se equivocan. El último paso es sólo cuestión de tiempo.

Una vez el ahorrador se dé cuenta de que la garantía absoluta de su dinero es una entelequia (el Fondo de Garantía de Depósitos sólo tiene 4.500 millones para garantizar más 735.000) y que el interés que le pagan es inferior a la inflación (es decir, que pierde capacidad de compra) los ahorradores empezarán a cambiar su mix de inversión e irán abandonando el tradicional depósito a plazo, por fórmulas más rentables y con el mismo nivel de riesgo.

La aparición de nuevos intermediarios financieros como hay en otros países hará que la reactivación económica cree puestos de trabajo y nos permita salir de la crisis.

Nota: Aunque los movimientos de simpatía y antipatía colectivos existen, quiero remarcar que en ninguna parte de este artículo me he ayudado de los graves sentimientos de antipatía que despiertan algunas entidades financieras, y que podrían precipitar algunos cambios. Esto es posible, pero muy difícil de evaluar económicamente.
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