Rosell, Gay de Montellà y Cacho, ¿cambio o transformación?

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05 de marzo de 2011 (01:45 CET)

El viernes conocimos la destitución de Jesús Cacho como director de El Confidencial, una publicación digital que ha revolucionado los usos, costumbres y convenciones del periodismo tradicional en España en una década. En dos semanas se consumará el relevo en la presidencia de la patronal de Catalunya como corolario de una operación que tenía por objeto tomar el control de la española. Son dos casos diferentes, uno en el mundo periodístico, otro en el de la política económica y el liderazgo empresarial, que discurren paralelos pero que guardan una similitud: salvaguardar la influencia como elemento de poder.

¿Estamos asistiendo a un cambio rotundo o a una transformación de modelos y paradigmas?

Veamos:

Jesús Cacho: A sus 67 años, el impulsor y líder de El Confidencial puede irse a dormir seguro de que desde la irrupción de El Mundo en el panorama de los mass media ninguna otra iniciativa era capaz de sumar periodismo innovador, crítica y opinión a un universo comunicativo adormecido por la autocomplacencia de los diarios nacidos o reinventados en los primeros años de la transición.

Con todas las divergencias ideológicas que quieran señalarse, e incluso con la distancia que convenga mantener con respecto a sus criticados manejos profesionales sobre Emilio Botín o alrededor de Mario Conde, Cacho ha marcado una década de periodismo económico y político. El diario que ha dirigido representa un paradigma: publicación fresca, diferente, provocadora, atractiva en su formulación y, en última instancia, influyente, como recuerda permanentemente en su frontispicio.

Sea por relevo generacional, personalismos, agotamiento de un ciclo, presiones externas de poderes fácticos inquietos, tanto monta (o no), la etapa del destituido Cacho al frente del diario digital ha representado una manera de entender el ejercicio social del periodismo que conviene respetar. Su trayectoria profesional ha forjado un ADN informativo que merece admiración, en primera instancia. Sólo podía inventarlo un maestro de la retórica, un trilero del lenguaje y un gran administrador del sentido de la oportunidad como él. Las felicitaciones al maestro Cacho por esos años de sana envidia periodística, por ese modelo que ya ha creado escuela y, finalmente, por transformar un sector endiosado, ombliguista e inmune al cambio.

Juan Rosell: El día 14 de marzo, el presidente de la CEOE dimitirá ante la junta directiva de Foment del Treball como máximo responsable. El próximo martes saldrán de la secretaria general de la patronal catalana las convocatorias de una reunión en la que se escenificará el cambio (o transformación) de la cúpula en la rancia asociación empresarial de la Via Laietana. Nada similar había sucedido desde que Carlos Ferrer Salat hizo lo propio en los 70.

Rosell no es un revolucionario, es obvio. Y aunque todavía imberbe recibió el encargo del malogrado José María Cuevas para convertirse en su delfín y en el hombre que debía transformar las estructuras patronales españolas, ha sudado sangre para empezar la tarea para la que parecía tocado por la historia. La oportunidad la pintan calva, dice el refrán. Y, con paciencia (la madre de toda ciencia), sudor y alguna que otra lágrima, ahora disfruta de la posibilidad de demostrar que quienes vieron en él fuste de líder no se equivocaron, ni antes ni ahora. De ahí que la dedicación íntegra a Madrid constituya un requerimiento ineludible.

Parece ya el único capaz de desengrasar unas difíciles relaciones entre Gobierno, sindicatos y empresarios. El diálogo social es su primer parcial. Se le evaluará entre el empresariado por el resultado del pacto sobre negociación colectiva y transformación del mercado laboral que sea capaz de transaccionar con CCOO y UGT, por un lado, y el Ejecutivo socialista, por otro.

Pero no solo. También se le reconocerá por su capacidad (todavía pendiente de demostrar) para transformar las vetustas estructuras de una CEOE funcionarial, anacrónica y narcotizada por los intereses de algunos grupúsculos internos entre los que abundan los tecnócratas. Justo en ese segmento merece la pena detenerse. Rosell quiere limpiar la entidad de esas prácticas. En ocasiones lo consigue (véase cómo expatría a Gonzalo Garnica y a Francisco Ochoa, ex directores de relaciones con los socios y comunicación, respectivamente, al apartadero de Cepyme), pero en otras se le resiste el cambio, sea por los elementos (internos, off course) o por la voluntad de no tensar la cuerda en exceso (véase el IEE, por ejemplo).

Hombre de gestos, Rosell deja Barcelona sólo físicamente para dedicarse en exclusiva a Madrid y sus aledaños de poder. En Diego de León, algunos trabajadores se han dado cuenta ya de que Rosell no es Díaz Ferrán ni, por supuesto, Cuevas. Contemporáneo en sus intenciones, el presidente de la CEOE quiere que la organización trabaje. Sí, simple y llano, que produzca al servicio de la causa empresarial que defiende. Podría parecer un Perogrullo, pero es difícil para un ajeno entender que una patronal sea poco más que un antiguo ministerio con un RH burocrático y carrinclón.

El poder seduce y su erótica estimula. De Llavaneras y su clan, al cielo. Del pragmatismo negociador del botiguer catalán al pasillo conspirador de la corte madrileña. Sin ir más lejos, esta semana encuentro con el Rey, en una más de las servidumbres institucionales que la CEOE tiene comprometidas con los poderes fácticos o reales del país.

¿Acabará cambiando o al menos transformando la organización? Rosell sería capaz de suscribir en la CEOE una frase como esta: "Los filósofos no han hecho más que interpretar diversamente el mundo; ahora se trata de transformarlo". Lástima que su autor sea el mismísimo y olvidado Karl Marx. Si desean consejo, apuesten por el cambio lento. Como Pasqual Maragall, Rosell es de los que dice: “Arreglen esto y no me expliquen cómo lo hacen”. Con sus riesgos y sus virtudes.

Joaquín Gay de Montellà: He aquí un devoto de San Juan Rosell. Cuando el lunes 14 reciba la vara de mando, el báculo empresarial barcelonés, tiene dos retos inmediatos. El primero demostrar que tiene perfil propio ante una organización que le recibe disciplinada pero escépticamente. No son pocos quienes en su entorno piensan que el nombramiento es una disimulada prolongación del mandato de Rosell en términos efectivos. Silenciosa y discretamente, eso sí.

El segundo reto de Gay de Montellà será evolucionar la organización a la medida de su liderazgo. Con la salida de Rosell hacia Madrid, Barcelona perderá peso real. Las razones son obvias: si Catalunya dispone de capacidad de influencia en el meollo del poder, ¿qué sentido tiene mantener una estructura potente alternativa como la de Foment hasta la fecha? Secretario general, director ejecutivo, responsable de comunicación y todos y cada uno de los empleados de la patronal catalana están ya al servicio de una causa mayor: Madrid.

La posibilidad de influir en la elaboración de las leyes de manera directa, de generar, controlar y divulgar dogma empresarial desde la capital de España puede convertir a Foment en lo que jamás fue durante años: una filial, una delegación local de la CEOE. Ahora sí, el riesgo es cierto.

El nuevo presidente quiere adelgazar la estructura de la casa. Se amortizarán cargos de quienes viajen a Madrid a blindar a Rosell y se cubrirá, también con otra fémina, la vacante de la dirección de comunicación. Y hasta aquí les puedo leer, que luego algunos colegas se aprovechan de forma innoble del trabajo del primer picapedrero de la mina.

El que será máximo responsable de la patronal catalana a partir del 14 de marzo tiene buenas maneras para las relaciones institucionales. Y más interés que Rosell por ese ejercicio. Está por ver si logra la complicidad de los mismos sindicatos catalanes que acabaron rendidos y sorprendentemente seducidos por el ahora patrón de patrones.

Algunos pesos pesados de la institución, que como si se tratara de hemorroides han sufrido en silencio la orientación del proceso de cambio presidencial, velan armas sosegadamente. Tienen claro que las patronales de Girona, Lleida y Tarragona están rendidas a Gay de Montellà. Y que Rosell se encargó en las últimas elecciones de dejarlo todo atado y bien atado con la colaboración de su guardia de corps habitual.

¿Cambio? ¿Transformación? Les dejo la respuesta por escribir. El fin de semana está por delante y hay tiempo para reflexionar.
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