Respuesta del colectivo Puerta de Brandemburgo al editorial sobre Cataluña de ‘The Financial Times’

14 de agosto de 2014 (18:53 CET)

Estamos de acuerdo con gran parte del artículo La vergüenza de Cataluña, una mancha para España, del 12 de agosto. Creemos, sin embargo, que las conclusiones definitivas relacionadas con la educación están fuera de lugar por tres razones.

La primera es que no se trata de un problema entre Cataluña y España, sino sólo de algunos catalanes que no aceptan la situación actual. Las reformas significativas deben ser aprobadas por una amplia mayoría del Congreso de los Diputados. Los catalanes, como el resto de los españoles, también están representados en las Cortes.

En segundo lugar, parece defender The Financial Times ciertas salvaguardas para el catalán, como más horas de enseñanza en los colegios. Sin embargo, para cualquier persona realmente familiarizada con el ecosistema cultural catalán ello resulta desconcertante. El gobierno autonómico posee nueve cadenas de televisión y cuatro de radio, financiadas por todos los contribuyentes (los que hablan catalán y los que no).

No olvidemos que, además, se reparten generosamente subsidios a la práctica totalidad de los periódicos, de nuevo procedentes del erario, a pesar de existir, al menos, un 50% de los ciudadanos que utilizan el castellano como primer idioma. No nos vamos a detener, por razones de espacio, en analizar otras subvenciones que favorecen las manifestaciones culturales de sólo una parte de la población con los impuestos que paga el conjunto.

En tercer lugar, en Cataluña, los alumnos de pre escolar no reciben ni una sola hora de educación en español. Se imparten dos en la enseñanza primaria y tres semanales en la secundaria. Los menores reciben el resto de formación en catalán, exceptuando las horas que aprenden castellano e inglés (a veces, puede ser que tengan una hora más de inglés, pero nunca de castellano).

Cabría señalar también que el catalán es la lengua principal de la administración y para acceder a una plaza de funcionario se requiere un título de formación en competencias en ese idioma. De acuerdo con los estudios del propio gobierno autonómico sobre los usos lingüísticos (2008), el 55% de la población de Cataluña tiene el castellano como lengua materna; el 31,6%, el catalán; y, el 9,6% restante opta por otros idiomas.

Si tenemos en cuenta que, según la Unesco, más de 1.500 investigaciones han subrayado la importancia de enseñar a los menores en su lengua materna y que este es un derecho reconocido por esta organización, así como por Unicef, parece bastante obvio que no se están respetando los derechos lingüísticos de los niños en esta región de España.

Ningún país con una situación bilingüe impone un modelo similar al usado para impartir el catalán. Se trata de la única lengua regional que, en su condición de idioma vehicular, desplaza al castellano, el oficial, por debajo de idiomas extranjeros. Esta realidad es gravemente perjudicial para el desarrollo cognitivo de la mayoría de la población, que no puede cursar sus estudios en la lengua materna.

Por otra parte, las manipulaciones en asignaturas como geografía e historia son constantes. Es habitual que Cataluña, su lengua y cultura no se presenten como una parte de España, sino como una realidad diferencial a menudo confrontada y oprimida. El gobierno autonómico cuenta con prácticamente todas las competencias de educación transferidas. Los tribunales son la única opción que queda a los ciudadanos para plantar cara a estos abusos.

Los padres han ganado todos los procesos judiciales abiertos por estos motivos, pero la Generalitat se niega a cumplir las sentencias. La concesión de más poderes a las autoridades educativas catalanas sólo se traducirá en una mayor indefensión de los ciudadanos. Por no hablar de una importante pérdida de libertades personales, que sólo perpetuaría una situación de por sí injusta.

Sonia Sierra, Susana Beltrán y Santi Mondejar son integrantes del colectivo Puerta de Brandemdurgo

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