Repensar la economía

17 de diciembre de 2014 (19:20 CET)

A partir de la crisis de 2008 se han puesto en marcha varias iniciativas estudiantiles como por ejemplo PEPS (Pour un Enseignement Pluraliste dans le Supérieur en Economie) en Francia o la Tabla-Crash Economics Society en el Reino Unido, reclamando mayor pluralidad en las enseñanzas de economía

Sobre todo se lamenta de la la escasa presencia en los planes de estudios de la teoría del conocimiento, la historia del pensamiento económico, la historia económica y otras ciencias sociales. Pero sobre todo hay una decepción porque no salimos de la crisis y la economía de los planes de estudios, por las razones que sea, no está aportando soluciones operativas. Quizás no puede hacerlo, pero es igual, la decepción es inevitable.

Aparte de que también son muchos los profesores universitarios que coinciden en la necesidad de dar mayor pluralidad a la enseñanza de la economía, la decepción de los estudiantes es compartida por sectores de la población civil. Hoy en día hay muchos economistas fuera la universidad que desarrollan su profesión en la empresa o en el sector público y que ven con preocupación lo que está pasando. Otras profesiones --ingenieros, arquitectos, médicos...-- también tienen un contacto muy cercano con la economía.

La economía es una ciencia social y la sociedad está inmersa en la complejidad; todo está relacionado. Puede pasar muy fácilmente que una buena teoría no se cumpla. Por ejemplo, pasa que una sociedad obtiene buenos resultados y la bolsa no lo valora. ¿Por qué? Pues por que hay otras circunstancias que se imponen. La teoría de la población de Malthus es muy buena y por suerte no ha estado activa. La complejidad significa precisamente que hay otras muchas circunstancias que afectan.

Ahora bien, ¿estas teorías no activas son inútiles? Pues yo estoy absolutamente seguro que no. Quizás la bolsa no valore en un momento dado los buenos resultados de una sociedad pero si la sociedad obtiene malos resultados seguro que la bolsa lo valorará negativamente. La teoría de Malthus no se cumple, pero cuidado que se puede cumplir, y se trata de que evitemos que se cumpla. En un entorno complejo, pueden haber buenas teorías que no sean activas pero como mínimo son restrictivas.

Josep Fontana explicaba que lo primero de lo que un historiador se da cuenta es que la historia no sirve para hacer predicciones; no hay leyes históricas. Pero con la historia sí que se puede aprender bajo qué circunstancias se puede estrellar contra las rocas y esto parece un conocimiento fantástico.

Ni la historia, ni el pensamiento económico ni tantas cosas se hubieran tenido que retirar de los planes de estudios de economía en la universidad. Cuando era joven me extrañaba oír que el profesor Joaquim Muns era un ecléctico, según se decía. ¿Cómo es posible ser ecléctico en economía? ¿Cómo es posible que a dos economistas con teorías opuestas --Fama y Shiller-- les den el premio Nobel simultáneamente? Quizás se trata de quedarse con aquello que es restrictivo de cada teoría. El liberalismo puede gustar más o menos, pero sobre todo seguro que el liberalismo tiene cosas capitales de las que prevenir; o el marxismo, cuando vamos a las leyes históricas salimos del sistema y tomamos perspectiva, puede ser muy interesante, lo acaba de demostrar Piketty con su estudio sobre la acumulación de la riqueza.

La economía continúa dominada por la incertidumbre, está en continúa evolución y para afrontarla hace falta sabiduría. La práctica de la economía, como cualquier práctica, se basa en la utilidad y la teoría económica no siempre es bastante útil. Warren Buffet, por ejemplo, inversor, hombre práctico, que debe ser uno del hombres más ricos del mundo, en relación a la teoría de las finanzas manifestaba que resulta una enorme ventaja para él tener oponentes que han sido enseñados con algo tan inútil.

Y es que el propio conjunto de la teoría económica no se libra del efecto de la complejidad y funciona mejor como restricción, en negativo, que predictivamente en positivo. Cuando hay un problema, como por ejemplo la burbuja financiera vivida, no se puede negar la evidencia y, además, decir aquello de que el mercado no se equivoca.

Se tiene que estar atento a las necesidades prácticas, a la incertidumbre. Y hay piezas del pensamiento económico que no se pueden echar al armario de los trastos viejos porque quizás no sirvan para construir una teoría completa pero en cambio, desde un punto de vista práctico, pueden ser útiles, cuando menos para identificar un problema e intentar encararlo.

Por lo tanto, bienvenidos sean los que reclaman la historia económica, la historia del pensamiento y también los que buscan alternativas: la sociología económica, el ecologismo, el decrecimiento y la economía del bien común, el conductismo (que ya tiene dos premios Nobel), el desarrollo de la democracia, la economía de la información... Bienvenido sea el pensamiento económico.

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