Renta Corporación salva los muebles

Gonzalo Baratech

13 de junio de 2014 (19:05 CET)

La inmobiliaria barcelonesa Renta Corporación está a punto de salir de la suspensión de pagos que instó en marzo de 2013, con unas deudas de 185 millones de euros. La junta de acreedores acaba de dar luz verde al convenio. Tras este trámite, se prevé que el juzgado decrete el levantamiento de la intervención antes del próximo mes de agosto. Así pues, Renta, liderada desde sus orígenes por Luis Hernández, habrá superado el percance en menos de año y medio.

La compañía achacó en su día el fiasco a la consabida falta de liquidez que estrangulaba sus cuentas. La situación era compleja, pero no alarmante, gracias a que el jefe de la casa había reservado precavidamente los fondos necesarios para transitar por el concurso sin demasiados sobresaltos.

Otras entidades en similares circunstancias forzaron demasiado la máquina y cuando se hizo inevitable llevar los libros al juzgado, la escasez de tesorería era tal, que ni siquiera pudieron afrontar los gastos inherentes al proceso.

El acuerdo con los bancos, principales acreedores de la empresa al margen de algunos saldos pendientes con Hacienda, se materializa mediante una dación en pago. Ésta consiste en la entrega de bienes a cambio de cancelación de deuda por importe de 95 millones de euros, lo que implica borrar de un plumazo dos tercios del pasivo que Renta viene arrastrando. Además, los bancos convertirán parte de sus créditos en acciones de la propia Renta y se harán con el 20% de su capital.

Antes de la debacle concursal, Hernández se las apañó para que las entidades crediticias se avinieran nada menos que a tres acuerdos sucesivos de refinanciación, suscritos en 2007, 2009 y 2011. Los dos últimos se saldaron con cesiones de activos por valor de casi 500 millones de euros. Pero el mercado seguía pertinazmente anémico y Renta intentó el año pasado un cuarto acuerdo. La banca se negó en redondo y precipitó el fallido.

Amagos de renacimiento

El convenio de marras acaece justo cuando el sector del ladrillo empieza a atisbar claros indicios de cambio de signo. Los activos se han depreciado ya un 50%; el suelo, un 90%; y la cotización de las inmobiliarias ha caído en barrena un catastrófico 98%. Mas, he aquí que, desde septiembre, se acumula un aluvión de noticias alentadoras. Los fondos extranjeros están invirtiendo fuertes sumas, lo que implica que ya no prevén ulteriores caídas de precios. Los inversores locales, que se mantuvieron agazapados a la espera de tiempos mejores, vuelven a comprar en los últimos meses.

Estos dos factores contribuirán al regreso a una cierta normalidad. Pero no podrá hablarse de recuperación plena hasta que se dé un tercer factor, que no es otro que el apoyo de la banca a los promotores. “Cuando los intermediarios financieros comprueben que hay negocio a la vista, volverán a volcar dinero sobre el sector y entonces viviremos una normalización completa”, me asegura un profesional del ramo.

Los años de depresión acarrearon duras consecuencias para Renta. La plantilla se comprimió de 150 a 25 personas. La misma sede social, ubicada en Via Augusta/Ganduxer, hubo de transferirse a los acreedores. Las pérdidas embalsadas desde 2008 sumaron la friolera de 260 millones. Las ventas, que en el apogeo de la burbuja llegaron a rozar los 600 millones, se han reducido a la mínima expresión.

La sociedad tiene suspendida la cotización en bolsa desde que se declaró en insolvencia. Su postrer cambio fue de 0,57 euros, a años luz de los fastuosos 29 euros con que se había estrenado en el parqué en 2006.

La labor de limpieza ha afectado, cómo no, a la retahíla de ilustres personajes que ocuparon puestos en el consejo de administración de Renta y su grupo. Por ejemplo, los ex ministros Josep Piqué, Anna Birulés y Carlos Solchaga se largaron por la puerta trasera. El año pasado, hizo lo propio Ignacio Javier López del Hierro, marido de la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal. De los accionistas relevantes, aparte de la familia fundadora Hernández, sólo se mantiene, con un 10%, Blas Herrero, dueño de la red de emisoras radiofónicas Kiss FM. El 42% del capital está desperdigado entre unos 4.000 pequeños ahorradores.

En resumen, la Renta Corporación de hoy en día no tiene apenas nada que ver con la que dio el salto bursátil. Pero, al menos, ha superado el trance, ha evitado la liquidación y sigue viva y coleando, a diferencia de otras innúmeras firmas del sector, a las que la crisis barrió del mapa para siempre.
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