Relevos y urgencias en Bruselas

02 de diciembre de 2014 (00:00 CET)

Tras las euro-elecciones y el nombramiento del nuevo presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, el cambio de poderes en Bruselas ha quedado completo con el exprimer ministro polaco Donald Tusk reemplazando a Hermann Van Rompuy al frente del Consejo Europeo.

Es momento de urgencias para la Unión Europea, desde las turbulencias que genera Vladimir Putin a causa de Ucrania a la nueva intranquilidad en la eurozona. Pronto sabremos si los relevos han sido acertados.

En el Parlamento Europeo, los nuevos populismos son un factor de disrupción pero no será una Cámara ingobernable, en primer lugar por el posible consenso centroderecha-centroizquierda y en segundo lugar porque los nuevos movimientos o bien anti-sistema o de derecha dura tienen una manifiesta capacidad de coordinarse entre sí.
Para los euroescépticos el tan veterano Juncker es más de lo mismo, la quintaesencia de la Bruselas fuera de control. Aún así, no pocos analistas están viendo que los primeros pasos de Juncker son un indicio de su capacidad para que las cosas se acuerden y se hagan. El polaco Tusk tiene energía y tomará decisiones en la agenda política, no llega para ser una pieza simbólica.
Lo demostró estando al frente del eurogrupo cuando con la crisis de 2008 todo pareció tambalearse. Después de aquella prueba, ha tramado una Comisión potente, con ambición institucional y, sobre todo, económica. Se trata de demostrar que la contraposición entre crecimiento y austeridad tiene componentes de falacia.

Tras su liderato tan discreto y eficaz del Consejo Europeo, la marcha de Van Rompuy se hace en un clima muy distinto al de su llegada. Entonces se supuso que el exprimer ministro belga sería un actor invitado y no un protagonista. No ha sido del todo así. En realidad, nos preguntamos qué va a hacer ahora, porque su modo de hacer todavía puede ser útil. Le sustituye Donald Tusk. Si no fuera porque el olvido histórico es un rasgo intrínseco de nuestro presente, que un político polaco sea presidente del Consejo hubiese tenido más relevancia.

Tusk, además, no llega a Bruselas para ser una figura simbólica. Destaca por su energía y por su capacidad de decisión en la agenda política

Tusk tiene sobre la mesa una agenda crítica, desde las relaciones con Rusia y una post-crisis económica todavía procelosa hasta el desbarajuste que está montando David Cameron al criticar la inmigración de la Unión Europea. Llega a la presidencia del cónclave de jefes de Estado y de gobierno en un momento de desconfianza social generalizada. Según conocedores de la política polaca, Tusck tiene capacidad de liderato y dispone de la capacidad –hoy tan poco frecuente- de adoptar medidas que inicialmente serán impopulares pero que a la larga pueden producir un efecto positivo. No es poco, según vamos viendo.

Lo cierto es que la Unión Europea necesita algo más que recuperar la iniciativa. Pasa por una fase crucial y mucho su del futuro dependerá de lo que hagan Juncker y Tusk. En definitiva, se trata de que la reforma se enfrente a la inercia y el desconcierto.

El paro abruma a las opiniones públicas nacionales, los nuevos populismos perturban los modos políticos más al uso y existe una cierta sensación de que –digan lo que digan los indicadores económicos- la crisis sigue ahí. Por si faltaba confusión, Hollande se hunde incesantemente y Sarkozy reaparece con ganas de contra-ataque.
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