Refinanciar la deuda a corto no es una solución

26 de agosto de 2013 (16:40 CET)

La morosidad de las empresas y familias ha ascendido hasta los 176.000 millones, es decir el 11,6% del total de los créditos vigentes que ascendían, a finales de junio, a 1.519.112 millones.

Además, la deuda externa total que tiene España asciende a 3,8 billones, de los cuales 943.702 millones corresponden a la deuda pública (90,3% del PIB), y el resto a empresas, familias y bancos.

Se trata de una deuda enorme que, a pesar de las mejoras macroeconómicas que se van conociendo en las últimas semanas, difícilmente disminuirá si la economía no recupera la senda del crecimiento y la generación de ocupación. Esta generación de empleo debe estar encaminada a evitar que se cumplan las proyecciones del gobierno que sitúa, la tasa de paro, por encima del 25% hasta 2017.

Recuperar el crecimiento y generar ocupación, comporta invertir para crear puestos de trabajo y potenciar la competitividad. Algo que entra en contradicción con las políticas estrictamente restrictivas que frenan las iniciativas, y a su vez con el crédito prácticamente cerrado para las empresas, especialmente las pymes. Además, el poco crédito que hay disponible tiene unos costes elevados, por encima del 5,5% de media para las pymes (2,7% para grandes corporaciones). Un importe muy distante al tipo medio de los créditos de la eurozona que se sitúa alrededor del 3%.

No hay ninguna duda que devolver ese ingente crédito es prácticamente imposible, mejor no ignorarlo. Además hay que reconocer, que con políticas de refinanciación a plazos cortos, el endeudamiento no se reducirá. Así se comprueba al analizar los países rescatados, en los cuales la situación de la población cada vez es más dramática y la deuda pública sigue aumentando, como está ocurriendo en Grecia que, a pesar de los “dos rescates”, su deuda sigue creciendo y se aproxima al 175% del PIB, mientras la pobreza avanza a ritmos insufribles.

Afrontar el problema del endeudamiento, sin esconderlo y plantándole cara es una cuestión ineludible. Salir de la crisis requiere recursos y asumir que es prioritario invertir en el futuro para generar riqueza. Es preciso refinanciar la deuda de tal manera que su devolución se plantee a larguísimo plazo, y con tipos de interés reducido, (al igual que se hizo después de la Segunda Guerra Mundial con el Plan Marshall). Sólo de esa manera, confiando y potenciando el tejido productivo, será posible.

Un tejido productivo que en España existe, puede crecer y aportar la ocupación y generación de riqueza indispensable. En esta línea, hay que valorar el dinamismo de la industria manufacturera que, a pesar de su pérdida de dimensión en los últimos cinco años, aporta casi 2,5 millones de puestos de trabajo, de los cuales tres de cada cuatro son indefinidos, y ejecuta la mayor parte del I D del Estado.

Este conjunto de factores le otorgan un buen nivel competitivo, lo cual queda evidenciado ya que aporta más del 90% de las ventas al exterior, las cuales en el primer semestre del 2013 han crecido alcanzado la cifra récord de 118.722 millones; y que entre 2007 y 2012 las exportaciones de productos manufacturados crecieron el 8,5%, más del doble de Italia (4%) y casi un 35% más que el crecimiento de las francesas.

Existe una buena base para poder generar ocupación y a la vez seguir incrementado la presencia en los mercados internacionales, algo que será posible si se le presta a la industria la atención que precisa, tal como hace Alemania, donde en su producción Industrial ha alcanzado niveles superiores al inicio de la crisis.

Ahora bien, para hacerlo, el gobierno debe apoyar de forma determinante a la economía productiva y, sabiendo las prioridades que rigen la gestión de las entidades financieras, buscar vías alternativas para facilitar la financiación de las pymes, y entender que refinanciar la deuda a corto plazo no es la solución, su volumen requiere negociar y lograr un aplazamiento a largo plazo y a tipo asumible, aunque la troika no quiera entenderlo.
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