¿Recuperación? Si, pero excesivamente frágil

22 de septiembre de 2014 (12:52 CET)

Recientemente, la OCDE explicitaba el significativo incremento de la actividad económica de España, un crecimiento superior al conjunto de países que la conforman. También detallaba el avance de la competitividad exterior frente a la UE, gracias a la mejora de la productividad y la baja inflación. Las opiniones de la OCDE iban en concordancia con la notable mejora de los indicadores macroeconómicos que indican el avance de la recuperación económica.

Se trata de una recuperación, a nivel macro, que no acaba de concretarse a nivel micro y que, --mejor asumirlo para poder variar tendencias--, no tiene la robustez suficiente para generar la ocupación requerida. La debilidad de la recuperación es notoria, por ello debe huirse de los discursos triunfalistas y a su vez poner énfasis en la economía real, en las personas y en las empresas.

Las cosas empiezan a ir mejor. Existen las bases para progresar en el camino de la reactivación económica. Pero a pesar de que el PIB haya crecido interanualmente un 1,2% en el segundo trimestre de este año 2014, y que España sea uno de los países con mayor crecimiento de la Unión, queda mucho por hacer.

Deberíamos asumir que a nuestra economía le queda aún un largo camino antes de poder afirmar que hemos dejado atrás la crisis y a la vez aceptar, que estamos lejos de pretender que España sea el artífice de la recuperación económica europea, en un escenario en el cual los países más avanzados de la Unión evidencian dificultades.

El camino por hacer es aún largo y que es preciso poner énfasis en la economía productiva se evidencia al contemplar los índices de pobreza, o al comparar los salarios medios en España con las economías de la Unión con las que competimos.

En España, el salario medio ronda los 26.000 euros anuales, mientras que Francia sobrepasa los 37.000 y en Italia se sitúa prácticamente en 30.000 euros.

También la necesidad de potenciar la actividad económica y la generación de ocupación queda patente al analizar, entre otros, el Índice de Producción Industrial, el cual en 2013, a pesar de la mejora de productividad, creció solamente un 0,8%, o que el déficit público al finalizar 2013 alcanzó el 7,1% del PIB, situándose la deuda pública en el 94% del PIB. Todo ello sin olvidar que la tasa de paro que sobrepasa el 24%, alcanzando el 56% entre los jóvenes.

Una tasa de paro enorme, que alcanza transversalmente a toda la sociedad, tal como explicó la pasada semana la  OCDE al presentar su informe Panorama de la Educación 2014, en el cual se detalla, sin olvidar que”menos de seis de cada 10 adultos ha superado como mínimo el bachillerato o la FP”, que la tasa de paro entre adultos con formación universitaria o profesional de grado superior alcanza el 14%.

Una tasa enorme al compararla con la media de la OCDE, que es del 5%. Hay que asumir que “España tiene problemas de empleabilidad y salarios incluso en los niveles educativos más altos”, Una evidencia incuestionable relativa a que el modelo productivo del Estado no está enfocado a superar los retos de la economía y la sociedad del conocimiento.

Hay que tener claro que España tiene que apoyar las iniciativas para variar su modelo productivo, apoyando a las empresas con recorrido en cuanto a capacidad de innovación y generación de ocupación, y orientando el I D de las universidades y centros de investigación hacia potencialidades de las empresas existentes, sin olvidar los sectores de futuro. Apoyar a las empresas y alinear empresa e I D debería convertirse en una prioridad básica, para hacer posible la recuperación con menos debilidad.

Tomar consciencia de la realidad, huir de falsos optimismos basados en análisis parciales o interesados, es preciso siempre, y muy especialmente cuando el BCE, de la mano de Mario Draghi, pondrá en marcha un conjunto de medidas dirigidas a estimular el crecimiento, facilitando el crédito. Pero el crédito no se concretará sin que los bancos asuman riesgo y a su vez las empresas, atrapadas en delimitadores marcos regulatorios, vislumbren políticas de apoyo real a medio y largo plazo a sus problemas asociados a las variaciones estacionales, los retos propios de la innovación en producto, y a la competitividad en los mercados globales.

La recuperación económica, frágil y lenta, se ha hecho presente, la oportunidad se ha dibujado nuevamente en el horizonte, aprovecharla o no depende de cada uno de nosotros. Ahora bien, robustecer la recuperación, ajustando el modelo productivo a las exigencias de la economía del conocimiento, exige de un claro compromiso de las administraciones, facilitando la actividad económica y muy especialmente implantando una clara y decidida política industrial, simbióticamente con actuaciones para incrementar el capital humano del Estado.
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