Reactivación económica y paro (II)

22 de agosto de 2014 (17:35 CET)

Recientemente, el Ministerio de Industria, Energía y Turismo ha hecho pública la Agenda para el fortalecimiento del sector industrial en España. Una iniciativa que se encuadra en el marco establecido por la Comisión Europea de lograr que el peso del sector industrial de la Unión alcance el 20% del PIB en el año 2020.

Si se asume que ningún colectivo humano tiene futuro, con tasas de desempleo como las del Estado español y que el objetivo es que estas tasas tiendan a cero, debería ser algo compartido e indiscutible que la industria manufacturera y la intensiva en conocimiento es clave para alcanzar este objetivo.

Es en este contexto debe analizarse la agenda aprobada que surge del diálogo con diversos agentes empresariales y sindicales, incorporando un centenar de interesantes medidas de actuación.Se trata de líneas que incluyen aspectos relativos a la estimulación de la demanda industrial; potenciar la inversión en sectores estratégicos; asegurar un suministro energético competitivo; un mayor apoyo al I D i; adaptar el modelo educativo a las necesidades de la industria; e incentivar el aumento del tamaño de las pymes.

Sin duda, la agenda para fortalecer la industria es una buena iniciativa. Pero diversos colectivos consideran que no termina de afrontar con determinación cuatro problemáticas que la mayoría de las empresas industriales deben afrontar. En concreto se trata de la necesidad de incrementar los recursos propios; alcanzar la competitividad mediante la innovación basada en el progreso técnico y científico; disponer del capital humano requerido a las nuevas exigencias globales; y tener la capacidad de operar en los mercados internacionales.

En cuanto a la necesidad de incrementar los recursos propios sin duda ayudaría que se incentivase la idea de que los beneficios empresariales se destinasen a aumentar el capital. En este aspecto debería contemplarse que el volumen de beneficios que se destinen a tal efecto tuviesen una excepción impositiva.

En referencia a potenciar la competitividad --entendida como el resultado de la terna: productividad, innovación y localización óptima--, es preciso lograr que los avances de los centros de investigación lleguen a las empresas. Para ello, deben redefinirse las políticas de promoción y evaluación del personal científico y universitario para incentivar su cooperación y colaboración con las empresas industriales y, a la vez, transformar los centros tecnológicos en centros de innovación.

En cuanto al tercer aspecto --relativo a disponer del capital humano ajustado a las exigencias globales--, es preciso abordar una completa revisión de la formación profesional, que sigue anclada en patrones obsoletos en cuanto a modelos y procesos productivos. Además, no contempla los escenarios culturales propios de los mercados internacionales objetivos. Primar a las empresas con actuaciones conjuntas con los Institutos de formación y las universidades es un requisito indispensable.

Finalmente, en cuanto a lograr que las empresas tengan capacidad de operar en los mercados internacionales, debe entenderse que el tamaño y la composición de la propiedad dificulta la fusión entre pymes. Por ello, no sólo debe actuarse en lograr que las empresas individualmente alcancen el volumen imprescindible, sino que también es necesario potenciar la cooperación competitiva con criterios de transversalidad y verticalidad entre no competidores; un aspecto suficientemente estudiado, pero sin políticas fiscales o subvenciones competitivas que lo fomenten de forma determinante. 

A las puertas del tercer cuatrimestre de 2014, debemos asumir que consolidar la recuperación económica generando ocupación es y debe ser posible. Para ello,--aceptando que no es asumible tasas de paro próximas al 20% hasta el 2018--, debemos enfocar nuestra mirada en los ciudadanos y la necesidad de abrir las puertas a su desarrollo personal y profesional y en consecuencia disponer de una eficiente política industrial con la finalidad de conseguir disminuir el paro y que la reactivación económica sea un proceso simbiótico.
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