Rato no sabe, ni contesta, ni le traspasa la culpa a Castells

11 de noviembre de 2013 (18:17 CET)

Hay un hombre en la Catalunya de obediencia socialista que estuvo sobrevalorado. Es catedrático de Hacienda Pública, pero era un político mediocre cuando ejercía. Cometió muchos errores que son atribuibles a su incapacidad estratégica: Spanair, el mapa financiero catalán y el crecimiento de la deuda de la Generalitat.

No volveremos sobre los errores –aunque un tipo que se emperró en que Ferran Soriano dirigiera una aerolínea acumula méritos para ser exhibido en un museo–, sobre todo después de que Rodrigo Rato, el que fuera vicepresidente económico con Aznar y más tarde presidente de Bankia, le haya librado de cualquier responsabilidad sobre la crisis y desaparición de la caja de ahorros Laietana, la entidad financiera con sede en Mataró.

Un tipo que puso a Ferran Soriano al frente de Spanair es para exhibirlo en un museo
Antoni Castells, socialista de la rama entregada a CiU, fue el responsable de que Laietana y Caixa Penedès hayan desaparecido. Fue, además de conseller de Economía con Maragall y con Montilla, el político sobre el que recayeron también las irregularidades de Caixa Girona y no supo pilotarlas. Castells, el mismo que sorprendía por sus conocimientos de los sistemas financieros públicos alemán o estadounidense, era incapaz de entender que fusionar las cajas de ahorros catalanas entre ellas era condenarlas a la desaparición, solapar redes, generar redundancias y hacer imposible un futuro viable en un mercado tan pequeño.

Pero Rato no lo ha matado. Cuando los diputados catalanes le han preguntado por la crisis de Laietana ha callado, o ha hablado de Bankia, de los problemas que superó y de las dificultades que le pusieron el Banco de España y la CNMV. Se ha olvidado de Castells, que con su empecinamiento llevó a las cajas del Penedès y Laietana a trazar operaciones apresuradas y de entreguismo absoluto. Quería fusionarlas con las catalanas (que ya sabemos cómo han acabado) y los que tenían dos dedos de frente se resistían. Lo curioso es que Rato, quien tiene suficientes méritos propios para ser quemado en la hoguera pública, haya dado la cara sobre un tema en el que a Castells ni se le oye ni se le espera. Cosas de casa.
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