Rajoy mueve piezas en Bruselas

06 de marzo de 2014 (00:00 CET)

Hay especulaciones de todo color sobre el papel que pueda tener Rajoy en el reparto de poder que se dará en la Unión Europea después de las elecciones inminentes. Incrementa la especulación el hecho de que el PP sea de los pocos grupos políticos europeos que no ha designado su candidato. ¿Otro ejercicio marianista con los tiempos o un caso de embarras du choix?

Por lo que parece y en un sentido genérico, Rajoy cuenta con el apoyo implícito de Pérez Rubalcaba en lo que son los ejes estratégicos de la presencia activa de España en la Unión Europea. Eso es incluso gratificante después de los años de zapaterismo, que alteraron la continuidad que habían mantenido, aún con sus afirmaciones coyunturales, los gobiernos de la UCD, tanto como el felipismo y Aznar también, con acento propio.
 
Para el Eurogrupo se habla de Luís de Guindos, de personalidad eficaz en la economía internacional, donde incluso tiene más presencia que en la nacional
Quién sabe si por el angelismo que le llevó a defender la olvidada Alianza de la Civilizaciones, Zapatero guardó distancias con Bruselas. Tal vez recelaba de la Europa de los mercaderes. Lo cierto es que se fueron cerrando puertas y se desconectaron esos teléfonos fuera de agenda que permiten mantener los contactos incluso en el rifirrafe europeo interno.

Mariano Rajoy hoy se siente satisfecho de haber reconstruido los viaductos con Bruselas. Y lo ha hecho con una crisis económica para la que los aprendices de brujo sólo veían la salida del corralito y la escenificación apocalíptica. Rajoy está satisfecho de eso y se le nota. Se le notó en el debate del Estado de la Nación.

Pero el gran bazar político europeo no permite pausas. Hay que estar moviendo piezas todos los días. Son partidas multidimensionales. Y en los pasillos del poder en Bruselas hay especialistas en la carambola y en la emboscada.

Es posible que al saber el nombre del cabeza de lista del PP algunos elementos de la especulación actual queden ratificados pero con el marianismo lo mejor es esperar a que la bruma galaica despeje. Lo que está fuera de especulación es la consistente reincorporación de España a las ligas europeas.

Dos de las grandes cotas de influencia son la presidencia de la Comisión y la del Eurogrupo. Para el Eurogrupo se habla de Luís de Guindos, de personalidad eficaz en la economía internacional, donde incluso tiene más presencia que en la nacional. Guindos no lo tiene seguro, pero sí cuenta con posibilidades y apoyos de peso.

Lograr para Guindos el rol fundamental del Eurogrupo implica para Rajoy la contrapartida que sería su apoyo a uno y otro candidato a presidir la Comisión. Una cosa iría por la otra, como es propio de los intríngulis de la Unión Europea.

Por supuesto, quien ata los cabos es Angela Merkel. Si opta por el nombre de Juncker, gran “insider” europeo para lo bueno y para lo menos buenos, tal vez necesite el voto de Rajoy y así Rajoy sitúa a Guindos al frente del Eurogrupo. Rajoy mantiene las cartas pegadas al pecho. Parece, con todo, que moverse en Bruselas le gusta más que antes.
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