Quo vadis, Catalonia?

10 de febrero de 2015 (19:59 CET)

Hace unos días, el Ateneu Barcelonès acogía la conferencia anual de la Cátedra Pascual Maragall de Economía y Territorio (Universitat de Barcelona) a cargo de Joaquín Almunia, comisario de la Competencia de la Unión Europea entre 2010 y 2014, que habló sobre el futuro de la Unión Europea.

El tema era muy amplio y se habló de todo lo que es actualidad: Grecia y el Gobierno de Syriza, la posible salida del Reino Unido de la Unión Europea, el papel del Banco Central Europeo, etcétera, pero uno de los aspectos que preocupa Almunia y que está en su especialidad, es la falta de unión real en los sectores regulados donde continúan habiendo unos mercados estatales separados.

Citó, como ejemplo, el caso del gas del natural con las dificultades que ha puesto siempre Francia en las conexiones con el sur para nutrirse del gas natural procedente de Argelia, o la imposibilidad de cualquier ciudadano de suscribir una hipoteca a otro país de la Unión que no sea el suyo. Un figuerense no puede ir a pedir un préstamo a Perpiñán, y a la inversa tampoco.

El reto es capital y tiene muchas connotaciones derivadas. La primera es que los estados, aparte de su aparato (parlamento, ejército, sistema judicial), también son sus sectores regulados. En España, la banca, las eléctricas o las constructoras forman de una manera práctica el Estado. Así se deduce de los trabajos de Germà Bel que ocupa la cátedra Pasqual Maragall y que declaró en la presentación del acto que Joaquín Almunia era una de las personas de las que más había aprendido en su etapa de asesor en el Ministerio de Administraciones Públicas cuando Almunia era el ministro.

El fenómeno de la puerta giratoria también ilustra este vínculo entre Estado y sectores regulados.
En el debate sobre el modelo de Estado que en estos momentos vivimos, esta identificación entre Estado y sectores regulados queda más implícita que explícita cuando tiene repercusiones. En Estados Unidos decían que lo que es bueno para la General Motors es bueno para Estados Unidos. ¿Esto se podría decir de ACS? El Estado quiere hacer AUS y a nosotros no nos interesa hacer AUS para nada, un pozo sin fondo, según el profesor de Economía Gerard Llobet. Tienen su sede en la capital del Estado y el gasto en la sede no tiene impacto sobre el resto de territorios.

Se han recontado muchísimas veces los flujos fiscales entre Cataluña y el resto del Estado pero si los precios de los sectores regulados no fueran exactamente los precios de libre competencia resulta que también hay una transferencia de recursos de todos los territorios del Estado hacia Madrid, que es donde tienen su sede la mayor parte de empresas de los sectores regulados.

Cuando Volkswagen compró Seat, la primera medida que tomó fue medio cerrar la sede de Madrid porque su interés estaba con los trabajadores, no los burócratas que no le servían para nada. La misma Volkswagen tiene su sede en Wolfsburgo, no en Bonn ni Berlín. La General Motors la tiene en Detroit.

Los sectores regulados tienen una lógica diferente: Enel, por ejemplo, no ha cerrado su sede en Madrid. Y esto es un sobrecoste para la economía. La unificación real de los mercados de sectores regulados puede ser un factor de competitividad económica que a la Unión Europea le hace mucha falta. Y aparte de la competitividad hay cambios tecnológicos en perspectiva, como la transición energética, que pueden impulsar el crecimiento económico y que no deben abordarse con un sistema regulatorio diferente.

En Cataluña, más que librarse del grupo de intereses de la tribuna del Bernabéu para crear otro en el palco del Camp Nou, nos interesa dar vida a la llotja (el mercado) a secas; y el reto de la Unión Europea de unificar los mercados de los sectores regulados nos favorece. Sin embargo, hechos como la privatización de Aena en contra de los criterios de la Comisión de la Competencia indican que vamos atrás más que adelante. La conferencia se titulaba Quo Vadis Europa? Y la pregunta que interesaba a muchos de los presentes era Quo Vadis Catalonia?
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