¿Quién manda de verdad en Catalunya?

20 de octubre de 2012 (19:16 CET)

Como un divertimento para compartir con nuestros lectores, hace unas semanas abrimos una encuesta en la que, previa selección de 25 perfiles, les animábamos a seleccionar quién era el hombre o los hombres más influyentes de Catalunya. El resultado, que pueden consultar aquí, pone a Isidro Fainé, presidente de La Caixa y Caixabank, al frente del resto de candidatos, aunque seguido a no mucha distancia del presidente de la Generalitat, Artur Mas.

La humilde encuesta de Economía Digital, sin embargo, es una perfecta alegoría de algunos trances que vive la sociedad catalana. Justo a continuación de esos dos personajes que reciben la mayoría de votos de los lectores se sitúa el Barça --aunque paradójicamente representado por la figura de su ex entrenador Josep Guardiola y no de su presidente Sandro Rosell--, seguido de los dos primeros editores catalanes, Javier Godó y José Manuel Lara.

Ese top five de influyentes es una muestra, sin ningún ánimo científico, de quiénes son considerados relevantes en términos de poder real, efectivo. Que sea un banquero el que capitanee las preferencias, y más allá del perfil económico y empresarial de nuestra audiencia, entronca con la tradición de los poderes fácticos que sitúan a la economía y a sus representantes al frente de la capacidad tangible de transformación y evolución de las sociedades.

Algo similar a lo que sucede con los medios de comunicación, que más allá del papel democrático asignado de fiscalizar a los poderes, nos hemos transmutado peligrosamente en instrumentos sesgados de trasmisión de conocimiento, generación de opinión pública y manipulación de colectivos, tal y como los lectores reconocen al aupar con sus votaciones a dos editores y a varios profesionales de los medios.

Pero más allá del resultado, que permite tener una primera aproximación al estado de opinión sobre este asunto, la decantación última de lo que apuntan los lectores va a ser la gran batalla de los próximos tiempos en Catalunya. Mientras una parte del poder político, justamente el que está nucleando a su alrededor Mas, ha adoptado la bandera independentista de forma casi imparable y sus próximos movimientos, estratégicos, electorales y simbólicos, avanzan en esa dirección, una parte también importante del poder del capital (entendido en términos de aportación al PIB) se atrinchera en contra de lo que se promueve desde la política.

¿Será capaz el sector financiero y las grandes empresas catalanas de atemperar el ánimo soberanista de esa parte del poder político que ha decidido abanderar la ruptura con España? ¿Podrá el poder político convencer al económico de que su aspiración es legítima y, sobre todo, sostenible desde la perspectiva de la economía?

Esos dos interrogantes son los que se van a sustanciar en breve. El primer momento, el electoral, discurrirá sin interferencias claras del poder económico. Pero, ¿y después? Dependerá de los derroteros por los que transite la política en el corto y medio plazo. Si la evolución apuntase hacia la independencia por la vía conflictiva con España, no tengan duda alguna de que se empleará en corregirlo tan a fondo como pueda, que no es poco.

La subordinación de la política a la economía es ya una obviedad. Por más que la política permita fijar precios, regulaciones, nacionalizar…, basta con mencionar la palabra mercados para que tiemblen parlamentos, líderes y proyectos como el europeo. Pero al descender algún peldaño más, la dependencia aumenta exponencialmente. ¿Puede subsistir un proyecto político cuando para gobernar necesita del sector financiero para obtener crédito con el que hacer frente a gastos perentorios (hasta las nóminas del personal), para comercializar unos bonos patrióticos, para financiar las estructuras de los partidos, cuando hay que recurrir a las grandes empresas para que saquen las castañas del fuego de las privatizaciones?

Ese es el gran debate sobre la independencia que sigue debajo de la mesa. Salvo alguna referencia elíptica de Artur Mas al papel del empresariado para evitar que interfiera amparándose en la división de poderes tradicional y la apelación a la soberanía popular, nadie tiene los arrestos de plantearlo abiertamente. Y el subyacente es obvio: ¿quién manda de verdad en Catalunya? ¿Es posible conducir a una sociedad a Ítaca sin la cooperación del dinero?

Y quedan los medios, con sus líneas editoriales en alquiler por la crisis. De momento, Mas y su proyecto cuenta con una abundante hornada de apologetas en los medios públicos y subvencionados que sólo perdería si el poder económico se la disputa. ¿Sucederá? Es una eventualidad no descartable.

En ese alambicado estado de cosas, y como recomendación a uno y a otro poder, e incluso a la propia sociedad que asiste a sus devaneos y pulsos, circundan por la memoria unas palabras del malogrado y admirado Enrique Tierno Galván: “El poder es como un explosivo: o se maneja con cuidado, o estalla”.

TRATAMIENTO DE CHOQUE SEMANAL

Supositorio matinal > A finales de julio, la juez del caso de las ITV abrió el sumario. Allí se conocieron no pocos detalles de cómo se orquestaban diferentes negociaciones en las que aparecían implicados, empresarios, algún alto cargo de la administración y el secretario general de CDC, Oriol Pujol. En los últimos días han comenzado a difundirse nuevas investigaciones de Hacienda que vuelven a situar al político convergente en el ojo del huracán de este truculento asunto. A él y a Germà Gordo. Oriol será el número 3 de la lista convergente por Barcelona y Mas ya sabe que tiene un problema serio en ciernes.

Supositorio nocturno > Hacienda parece haber encontrado un buen filón en los family office barceloneses. Bajo apariencia de inspecciones ordinarias está peinando la fiscalidad de las grandes fortunas catalanas. Tras los procedimientos abiertos a los Carulla y Cuatrecasas, llevados después a la vía judicial y pendientes ambos de resolución, parece haber intensificado su celo tributario. Algún grupo familiar, como los Godia, también tiene el aliento en el cogote, poco después de haberle ganado a la AEAT una antigua reclamación de los tiempos de Acesa. Otros damnificados son los Bernat, ex Chupa Chups.
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