¡Qué vuelva Felipe, leche!

20 de diciembre de 2013 (19:43 CET)

La prueba de que en España (incluyan Catalunya en ese saco contextual) no hay liderazgo político en estos momentos lo constituye el hecho de que un expresidente, modelo jarrón chino, como Felipe González sea una de las voces que, ante la convulsión existente, tenga más capacidad de sintetizar los problemas políticos existentes y, de paso, proponer soluciones de futuro.

Digo que sorprende porque Felipe es un septuagenario, y se supone que la experiencia y el conocimiento es propio de la edad, pero la innovación y la creatividad lo son de la juventud. Falta justamente ese segundo aspecto en la política española. Los catalanes ven Madrid como una especie de cosa anacrónica propia del pasado. Y en la capital española se produce la misma sensación cuando se analiza el nacionalismo catalán, que está latente desde hace algún siglo sin modificar del todo sus postulados.

Felipe habla en Barcelona de la necesidad de un pacto político. Es un tipo que metió a España en la Unión Europea, en la OTAN, que fue capaz de estampar su firma en los Pactos de la Moncloa, que afrontó los ruidos de sables de los cuarteles –como expresión entonces del conservadurismo más recalcitrante– y que, por fin, estuvo en la cocina que modernizó el país en áreas como la sanidad, la educación, las infraestructuras de transporte y los servicios sociales.

 
Negociar mejoras con el populismo en la calle no es de político experimentado, sino de imprudente bisoño

Habla González, al referirse a la política catalana, de “heridos”. ¡Qué miedo, pero cuánta sabiduría! Es un riesgo subyacente al que Artur Mas y algunos otros se sustraen. Negociar mejoras con el populismo en la calle no es de político experimentado, sino de imprudente bisoño.

Felipe cometió muchos errores durante sus años al frente del Gobierno español. Pero los aciertos pesaron más en la balanza final del socialista. Y su capacidad para interpretar la política y la evolución de la sociedad todavía sigue vigente. Lástima que los años no pasan en balde, y el propio Felipe haya sido incapaz de promover una generación de suplentes con visión de estado y capacidad política para abordar este nuevo siglo. Lo digo porque sus ideas, su visión y capacidad de diálogo político se echan de menos. Mucho. Ojalá regresaran.
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