¿Qué tienen Suiza y Andorra más interesante que el queso y el esquí?

09 de diciembre de 2014 (00:00 CET)

Marc Márquez anuncia que se lleva su residencia a Andorra. El joven motociclista de Cervera ha demostrado que es un auténtico astro en su modalidad y después de dos campeonatos mundiales consecutivos a su corta edad nadie está en disposición de negar la evidencia deportiva.

El caso del leridano no es el primero ni tampoco parece que vaya a ser el último de toda una generación de nuevos ricos nacidos del show mediático de la industria deportiva. Ganando con esa claridad, sus ingresos vía patrocinadores son crecientes e indiscutibles. Su imagen hace rentable la inversión publicitaria.

Damos cuenta de más casos antes de que conociéramos el de Márquez. Arantxa Sánchez Vicario, Fernando Alonso, Jorge Lorenzo o Dani Pedrosa, entre otros, optaron por pagar sus impuestos fuera de España, aunque cada vez que logran un triunfo se ice la bandera y suene el himno español. Ellos lo han hecho en el ámbito del deporte y debe ser un asunto importante, puesto que el mismo Lionel Messi y su familia se sienten incómodos como ciudadanos tributarios españoles por la persecución a la que han sido sometidos por Hacienda.

Deportistas y otros famosos demuestran escasa solidaridad patriótica


Hay otros ricos en el mundo del espectáculo que han optado por decisiones similares y han establecido sus residencias oficiales en países más baratos que el suyo en materia fiscal. No hemos llegado a tener un Gérard Depardieu, como los franceses, que no sólo amenazó sino que trasladó su pago de impuestos a Rusia para dejar bien evidente que Francia era también un Estado con una tributación que incautaba las rentas altas a su modo de entender. Nuestros ejemplos son menores en ese ámbito y algo más chapuceros, como el de Montserrat Caballé, que ha acabado en manos de la justicia por su falsa residencia andorrana.

Estamos, en cualquier caso, ante la punta de un iceberg que tiene gran trascendencia por el papel público de sus protagonistas. La competencia fiscal entre países y la escasa vocación ciudadana de algunos personajes son más que suficiente para provocar este tipo de deslocalizaciones tributarias del todo inaceptables en época de crisis y con un estado del bienestar en fase de recorte.

En el sustrato de esta tendencia hay mucho rico que, antes incluso que los famosos, puso su patrimonio a mejor recaudo fiscal que en suelo español. Mucho empresario familiar y beneficiado de los pelotazos inmobiliarios de la década pasada, por ejemplo. Hay demasiados viajes a Andorra y a Suiza sin otra motivación que la gestión del patrimonio oculto a Hacienda. No todos los que toman los aviones o cruzan la frontera lo hacen con la noble intención de comer queso o esquiar.

La familia Pujol ha sido una de los ejemplos más sorprendentes de lo sucedido durante décadas. Ciudadanos insolidarios que se hacen pasar por lo contrario y consideran que con una confesión basta para purgar su actuación. El súmmum de la desfachatez aparece cuando cualquiera de ellos se envuelve en una bandera, sea la que sea, como patriotas incuestionables mientras pagan menos impuestos proporcionales que el resto de la ciudadanía cumplidora.

Sólo una verdadera armonización fiscal en la Unión Europea y una actuación rigurosa y firme de las respectivas haciendas de los países puede erradicar en el medio plazo esa desfachatez. Mientras tanto hay que conformarse con afear la conducta de quienes actúan con tamaña insolidaridad patriótica.
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