¿Qué les pasa a las constructoras españolas?

03 de enero de 2014 (00:00 CET)

Cuando el primer día del año se supo que otra gran empresa española pinchaba un hueso en el extranjero a muchos inversores se les encogió el corazón. No era un buen comienzo de un ejercicio que promete algo más que el anterior, es obvio.

Panamá y Sacyr andan a la greña. La constructora española se ahoga en aquel país americano, donde tenía uno de sus mayores y más emblemáticos contratos: las obras de ampliación del canal. ¿Qué ha pasado con Sacyr? ¿Qué está pasando, en general, con las constructoras españolas?

Estamos ante la pregunta no del millón de dólares, sino de muchos millones de dólares. Sacyr atrapada en Panamá, como antes en Italia (donde se suspendió una inversión de casi 4.000 millones de euros para realizar el puente sobre el estrecho de Messina); Acciona, el grupo de la familia Entrecanales, con serios problemas no sólo en Catalunya y la privatización de ATLL, sino en Brasil, donde se le acumulan los inconvenientes; ACS, la de Florentino Pérez, también enmarañada con su filial alemana; y por si todo esto fuera poco la constructora de Villar Mir, OHL, no anda fina en México donde a sus problemas con autopistas en España se le añaden las quejas por unas obras en las que se le responsabilizó de cortar la fibra óptica.

 
Sacyr no es el mejor ejemplo de constructora al sumar un fracaso tras otro
Con ese panorama algo hace sospechar que las constructoras españolas no son tampoco un ejemplo de eficacia y competitividad en sus respectivas apuestas internacionales. Ayer algunos expertos señalaban que están mal acostumbradas a licitar en España, que han adquirido un hábito entre lo temerario y lo compensado por vías clientelares que suplanta los estrictos criterios de gestión empresarial.

Si eso fuera así, que no es descartable, tampoco está mal que reciban su merecido. Si el ejemplo de constructora bien llevada es Sacyr, la misma que intentó controlar un banco (BBVA), una petrolera (Repsol) y una inmobiliaria francesa (Eiffage) con un fracaso tras otro, a nadie le extrañará que en su ámbito natural de actuación sea incapaz de controlar y calcular los costes de forma conveniente.

Cuánto daño ha hecho el BOE a estas empresas (o el DOGC a las catalanas, que son igual de clientelares pero incapaces de tomar dimensión) en los últimos años. O los sobres, ya saben.

Si eso es lo que hemos exportado al mundo vamos servidos…
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