Que la realidad no te estropee nunca un buen reportaje

18 de noviembre de 2012 (19:49 CET)

Creo que fue William Randolph Hearst, el magnate del imperio de los medios de comunicación que llevó su nombre, quien pronunció la frase “que la realidad no te estropee nunca un titular”. Después algunos quisieron extender el consejo hasta el conjunto del reportaje. Hay otras en la profesión de un tono parecido. Por ejemplo, ésta: “Tú mándame la postal que yo ya le pondré la guerra”. En definitiva, caricaturas más o menos ingeniosas de algunas prácticas no muy honestas en alguna prensa.

Desgraciadamente, esas frases ya no constituyen ni mucho menos propiedad exclusiva de medios demasiado temerarios. De hecho, se ven con frecuencia replicadas en determinadas actitudes de algunos políticos. En este sentido, fue paradigmático Zapatero y su negativa a que la realidad de la crisis le estropeara su titular de una España y un sistema financiero navegando victoriosos en medio de la tormenta económica que se cernía ya sobre medio mundo.

En la Catalunya de hoy, Mas fijó un titular que más o menos podría resumirse en que los males del país son achacables a la relación con España y por tanto la solución es la independencia, o los eufemismos que convengan, y no está dispuesto a que ninguna realidad se lo chafe. Sobre la postal de la última Diada, Mas ha puesto en marcha un desafío soberanista de desconocidas consecuencias.

Sin ir más lejos, estos días un importante diario está publicando informaciones que arrojan gravísimas sombras de corrupción sobre el ex presidente Pujol y su familia, y que de paso rozan al propio Mas, acusaciones que les relacionan con las tropelías de Millet, el ex poliador del Palau. Unas semanas antes, el juez de ese mismo caso, el Palau, decidía embargar la sede de Convergència Democràtica al considerar que se había lucrado con esos delitos.

Y, sin embargo, esa cruda realidad, la de la corrupción, ha quedado fuera del discurso político de Mas. Y de algunos otros líderes del país. Que la realidad de ese cáncer no estropee el bonito reportaje que sobre la liberación nacional se está escribiendo.

El martes 14, el profundo descontento social existente fue aprovechado por los sindicatos para convocar una huelga general. Una jornada de protesta que se saldó con menos éxito del previsto, pero que en cualquier caso mostró la cara amarga de la crisis, la de una ciudadanía que vive uno de los momentos más difíciles de su historia desde el punto de vista económico: aumento del paro, caída generalizada del nivel de vida, etc., etc. Pero esta fea realidad tampoco cabe en el reportaje emancipador del president.

Hay muchas otras realidades de este país, sobre algunas de las cuales venimos escribiendo en este espacio de opinión (la mediocridad del Govern, su falta de ideas políticas constructivas, su sectarismo, su incapacidad para cumplir una buena parte de su programa como el adelgazamiento de la administración…), que son rechazadas como alma que lleva el diablo en las proclamas de una mayoría de los dirigentes nacionalistas, incluso de los que lo son aún sin ponerlo así en su tarjeta de visita. El mundo será diferente y mejor en el camino a la independencia y todo lo que no ayude en esa dirección debe ser apartado inmediatamente de la vista y a los que así no lo crean tachárseles como poco de unionistas, de auténticos aguafiestas, en este camino de rosas hacia el paraíso, defienden.

Craso error. Ignorar la realidad siempre trae malas consecuencias y es imposible construir un país mejor con la premisa de esconder bajo la alfombra lo que no nos gusta. En este delirio, Mas parece en cada mitin alejarse más y más de esa realidad que no le gusta o no le conviene. Haciéndolo engaña al país que quiere liberar y probablemente se hace un flaco favor a sí mismo.

Yo prefería el Mas pragmático de hace unos pocos años, más preocupado por ampliar sus fuerzas convenciendo a posibles aliados y hasta a escépticos que de enardecer a los suyos, más interesado por la política y por enfrentarse a la realidad, cualquiera que fuera, que por el circo. Ese Mas nunca se habría comparado con Gandhi en un discurso ni hubiera aceptado un cartel de campaña como el de ésta. Este Mas ha empezado a desconcertar hasta a algunos de sus próximos.
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