¿Qué está pasando en Hong Kong?

01 de octubre de 2014 (18:39 CET)

Las manifestaciones que se están desarrollando actualmente en la región administrativa especial de Hong Kong suponen un acontecimiento de especial relevancia para este enclave financiero y comercial.

A la cabeza de la movilización ciudadana se encuentra el movimiento Occupy Central, que amenaza con bloquear el centro financiero y comercial de Hong Kong si se desoyen sus reivindicaciones: la renuncia del Jefe del Ejecutivo, Leung Chun-ying y la posibilidad de celebrar unas elecciones verdaderamente democráticas en 2017.

La recientes reformas legislativas en este sentido habilitan el sufragio universal, pero restringen las posibilidades de los candidatos para ser elegidos, al precisar éstos el insoslayable apoyo de Beijing para ser elegidos.

Las consecuencias inmediatas son inevitables. Se han desviado líneas habituales de transporte público, cuando no se han interrumpido totalmente. Las comunicaciones por el centro, a partir de mediodía, son más difíciles. Difíciles pero no imposibles. Es digno de elogio el civismo de los manifestantes. El orden público no se ha visto alterado por ningún tipo de altercado callejero. Se han habilitado corredores especiales, incluso, para atravesar las masas humanas en caso de emergencia.

Los medios transmiten lo que está ocurriendo --protestas y manifestaciones multitudinarias-- y eso, inevitablemente, genera ansiedad. Sin embargo, más allá de pedirles a aquellos precaución y que anticipen en un par de horas sus desplazamientos para evitar perder citas o aviones, no es necesaria mayor cautela. Las agendas se han desarrollado con total normalidad y la sensación generalizada de los visitantes es de sorpresa por el orden y la contención que desprende el movimiento popular.

La reacción de la policía el pasado lunes, usando gas lacrimógeno, fue totalmente injustificada; muy criticada a todos los niveles y, de acuerdo con algunos integrantes de la Bar Association local (barristers), totalmente ilegal. Se habla incluso de presentar demandas por uso indebido y desproporcionado de la fuerza.

La Law Society (solicitors), en cambio, muy criticada por su apología hace escasas fechas del White Paper emitido por las autoridades chinas (en lo que quizá fue un ejercicio de torpeza histórica) con objeto de enfatizar la proposición primera del axioma “Un país, dos sistemas”, ha guardado silencio en esta ocasión.

Son obvias las resonancias con movimientos relativamente recientes como la revolución naranja, el 15M, las primaveras árabes, etc, pese a que el contexto, origen y objetivos son dispares en todos estos casos. Todas ellos, sin embargo, junto con los Wikileaks o Anonymous, han marcado un hito en lo que se refiere a movimientos horizontales, inclusivos, basados en las redes sociales.

En este sentido, el poder de convocatoria y las expectativas que se habían generado en un primer momento en Hong Kong, se han visto ampliamente superadas. Hablaba con un abogado local hace días y decía desconfiar del éxito de la convocatoria, por el carácter pragmático y business oriented de los hongkongers. Ayer, sin embargo, en la antesala del día grande la celebración del Día Nacional de la República Popular China, había medio millón de personas manifestándose en el centro de la ciudad.

En mi opinión, si hay que buscar un parecido inmediato y cercano, sería con el Movimiento de Marzo en Taiwan (Sunflower Student Movement). Totalmente respetuoso para con la ciudad y los conciudadanos, orquestado por estudiantes y profesores de universidad, inesperado en cuanto a su origen y consecuencias.

Con todo, los estudiantes taiwaneses se oponían frontalmente a una invasión comercial y empresarial china (y no hace falta mentar el antagonismo histórico entre Taipei y Beijing), mientras que los hongkoneses no están criticando --abiertamente, al menos-- a China; lo que piden es, en primer lugar, que dimita el actual Gobierno y, en segundo, un sufragio universal sin ambages, democracia real.

No obstante, el trasfondo es de mayor calado. Es de naturaleza identitaria. Las conexiones --humanas y económicas-- entre Mainland China y Hong Kong S.A.R. son insoslayables pero, desde la retrocesión de Hong Kong, ha ido extendiéndose un sentimiento de orgullosa pertenencia a este territorio, antes que a la propia China. No en vano, a principios de 2012 ya tuvo lugar una agria polémica a este respecto (cuya plasmación en la calle fue de mucha menor relevancia) motivada por unas declaraciones cruzadas entre profesores universitarios de Mainland China y de Hong Kong.

Lo he podido constatar en mi experiencia personal más reciente. Esta semana le preguntaba a un notario local (de más de 60 años) si se sentía más chino o hongkonés y me contestó, salomónicamente, que a partes iguales. Acto seguido le pregunté a uno de sus oficiales y me respondió que hongkonés en un 70%. Y, después, hablé con una manifestante (de entre 30 y 25, difícil precisar) y me contestó que 100% hongkonesa antes que china.

Desde un punto de vista estrictamente comercial, estos acontecimientos no deberían causar males mayores a las empresas europeas
. Antes, están empezando a provocar daños a los empresarios locales. Estos días de fiesta se conocen aquí como Golden Week. Habitualmente, acuden a Hong Kong auténticas legiones de voraces compradores chinos. Este año se han encontrado con Causeway Bay y Mong Kok (las zonas comerciales más populares) tomados por policía y manifestantes, y con muchos comercios cerrados. Si las protestas continúan, está por ver la actitud que adoptarán los empresarios locales, que ya están denunciando pérdidas económicas muy importantes.

Y ésta es, en definitiva, la clave. La evolución de los acontecimientos es impredecible. Si la tensión y las manifestaciones continúan, podrán tener, desde luego, importantes repercusiones. La manera en que Beijing resuelva esta crisis conformará su propia realidad futura (y también sus relaciones con Taiwan y Macao, que toman nota).

Y, por ahora, lo que está haciendo el presidente Xi Jinping es dejar solo a Leung que, por lo pronto, no sólo no ha podido contener la revuelta, sino que ha echado más leña al fuego con las órdenes a la policía de hace dos días. En efecto, el Presidente Xi está dejando a aquel que se las arregle como pueda pero, si algo es temido en Beijing, son las revueltas locales cuya chispa prende donde menos se pensaba y donde el fuego que se genera derroca dinastías. Y recordemos que ya han saltado numerosas chispas en Tíbet, Xinjiang e incluso Kunming.

Si las protestas continúan o se endurece la postura de manifestantes o la represión de la policía, no cabe duda de que el turismo y el comercio minorista se resentirán, y ambos suponen más del 10% del PIB de Hong Kong. Si la confianza en la ciudad o en el Gobierno se deterioran, la economía retrocederá de nuevo. Es preciso tener presentes los malos resultados obtenidos por Hong Kong en el segundo trimestre de 2014 (-0.1%) debidos en parte a las consecuencias de la cruzada anticorrupción de Xi Jinping, que ha originado una caída de las ventas de lujo a turistas chinos.

Con todo, la economía de Hong Kong depende, principalmente, de las exportaciones, y éstas, en principio, no se han visto afectadas. El crecimiento de la demanda interna china cubre más del 50% de las exportaciones de Hong Kong, y el aumento de la primera es una cuestión de máxima importancia para el gobierno chino, puesto que la estabilidad social depende de ello. Tampoco se ha resentido la estabilidad financiera de Hong Kong, y es muy poco probable que China ponga ésta en peligro.
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad