Qué es la innovación

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08 de mayo de 2009 (20:15 CET)

Innovación es una de las contraseñas del momento, para muchos el password que identifica a quien la usa con la investigación, el esfuerzo por mejorar y destacar optimizando las prestaciones de los productos, el coste de su fabricación y la competitividad de la oferta. Para las personas normales y la Real Academia de la Lengua, es algo muy sencillo: “la creación o modificación de un producto, y su introducción en un mercado”.

Desde la óptica de una empresa, es cualquier cambio que la clientela percibe como diferencia apreciable y por el que se supone que está dispuesta a pagar algo más que por el producto precedente. En esta definición caben grados diversos de aportación al conocimiento que pueden llevar a discrepancias. Así, hay aportaciones diferentes, de las que algunas merecen el nombre de invención por el resultado final o por el procedimiento de conseguirlo, que puede patentarse. Otras comportan el descubrimiento de leyes e informaciones que amplían el conocimiento de la naturaleza.

Los cambios en procesos productivos, en uso de nuevos materiales o productos finales permiten una ventaja comparativa respecto a otras ofertas y eso los hace deseables, al punto de que los gobiernos los favorecen a través de desgravaciones fiscales o subvenciones. A su vez, estas ayudas pueden ser interpretadas como factores de deslealtad competitiva o como coladeros para eludir obligaciones tributarias, con lo que organismos internacionales, como la OCDE, y nacionales, como las agencias tributarias, tratan de precisar conceptos y acotar las opciones. El resultado puede ser la desnaturalización de las políticas de soporte a la innovación, de modo que en lugar de estimularla sirven para impulsar actividades que reúnan ciertos requisitos, aunque de ellas no se derive más que mucho papeleo sin ninguna aportación sustantiva, al tiempo que la verdadera tarea innovadora se mezcla con la actividad cotidiana y se advierte sólo en el mercado, que es su destino natural.

Desde todos los puntos de vista se aboga por la innovación, sin la que no tiene cabida ninguna opción o modelo de futuro, especialmente en España, donde no hay discurso económico que no acabe reclamándola, como si fuera una opción que se escogiera en un menú de alternativas. La realidad es que, aunque los indicadores no lo recogen, se innova mucho (y debe innovarse mucho más). La prueba está en el aumento de las exportaciones y en su destino, que también informa de los cambios de ritmo. Parece lógico que se considere a los países más desarrollados, y exigentes como la UE, como indicador de la calidad de los productos vendidos. En 1996 se exportó a la UE por importe de 57,4 millardos de euros, que eran el 73,3% del total de exportaciones. En el 2000 fueron 91,4 millardos de euros, que suponían el 73,4% del total. Se alcanzaron los 109,2 millardos en el 2004, que aportaron 74,3% de las exportaciones, y 129,6 millardos en el 2008, donde aportaron el 68,9% de las ventas al extranjero. Puede decirse que, a pesar de la competencia asiática, del diferencial negativo de precios interiores y del aumento de costes laborales, las exportaciones aumentan y se mantienen mercados importantes.

Los indicadores de innovación dan una imagen parcial. El Instituto Nacional de Estadística envía un cuestionario de varias páginas (en el 2002 eran 11 en tamaño DIN A4) con decenas de preguntas muy detalladas cuya respuesta exige mucho tiempo. El receptor es alguien de contabilidad con más cosas que hacer, y firma la primera hoja diciendo que no se investiga ni se innova. En declaraciones fiscales, cuando no se aspira a obtener alguna ventaja, los gastos de innovación están mezclados con los generales. El número de patentes puede no decir nada si luego no se usan; más aún, el secreto puede proteger más que la patente o ésta puede tener más una finalidad de servir de credencial que de proteger regalías futuras.

LA IMPORTANCIA DE LA SENCILLEZ
Hay innovaciones eficaces, que son útiles y cambian un mercado sin gran investigación subyacente. Un ejemplo fue el cambio en el asiento de una scooter, que permite guardar uno o dos cascos, lo que evita dejarlo colgado al albur de la intemperie y otras contingencias. El usuario de estos vehículos quiere algo sencillo, de poco consumo y cómodo. El simple hecho de evitar el desplazamiento continuo del casco cambia la elección. En el textil se han desarrollado métodos para incorporar en el tejido sustancias (en forma de microcápsulas o en la propia fibra) que permiten que unas medias den calor y favorezcan la circulación de la sangre y tengan propiedades cosméticas (depilatorias) y adelgazantes, o que las camisetas tengan efectos fungífugos y bacterífugos.

Los productos más antiguos como hortalizas y frutas cambian para mejor. La calidad del vino de marca ha dado un salto adelante (en casi todas las denominaciones) que era impensable hace dos décadas e incluso puede decirse que ha ido más deprisa que la propia capacidad de percepción de los degustadores, a pesar de la proliferación de iniciativas de aprendizaje especializado. La explicación está en las mejoras en cepas y cultivos, pero, sobre todo, en las aportaciones debidas al talento de los enólogos que añaden mejoras sustantivas que educan el paladar y aumentan las exigencias de los clientes.

Para la autoridad económica es mejor reducir la carga fiscal genérica que grava el conjunto de la producción y dejarla en el nivel de la media de la UE. Eso estimula a crecer, invertir e innovar más que lo que puede aportar dar tal o cual estímulo, que suele ser difícil de evaluar, caro de evidenciar y fácil de distorsionar.
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