¿Qué contará hoy el defraudador Pujol?

26 de septiembre de 2014 (00:00 CET)

Den por hecho que Jordi Pujol i Soley puede aglutinar más audiencia en un viernes tarde que algunas celebrities low cost de un Sálvame cualquiera. Una parte importante de la Cataluña que decide, prescribe y orienta estará sentada mañana frente a cualquier pantalla de televisión para ver cómo se defiende el que fuera Molt Honorable President de la Generalitat.

Pujol no ha sido nunca un parlamentario de primer nivel, aunque tampoco se movía mal en la Cámara Catalana. Es más intenso en el cara a cara, se siente mejor ante auditorios especializados y, sobre todo, es el amo cuando se dirige a grupos reducidos. En Cataluña ha habido grandes oradores parlamentarios, alguno de los cuales sufrió la crueldad política de Pujol. Incluso pertenecientes a su propia coalición electoral.

 
Es probable que asistamos a una especie de escena de confesionario sin novedades ni datos. Política, sí; 'of course'
  

De la comparecencia del ex presidente no es esperable mucha novedad, pero seguro que habrá bastante política. De hecho, sus abogados Cristóbal Martell y Albert Carrillo han intentado convencerle hasta el último momento de que su presencia en el Parlament no tenía ningún sentido cuando todo el mundo en la Cámara, y por supuesto fuera de ella, ya le ha condenado. Así que las explicaciones de Pujol no desvelarán ninguna de las formas de actuar del clan familiar que capitaneaba. También es improbable que facilite datos detallados de su riqueza acumulada y distraída ante Hacienda. Sus abogados le han aleccionado sobradamente. ¡Ojo con qué se dice y cómo se dice! Él, su mujer y varios de sus hijos tienen procesos judiciales abiertos de incierta evolución y ahí sí que se juega mucho más que su prestigio y capital político.

Si su confesión ya se realizó en modo padre, la comparecencia de mañana no tendrá un tono diferente. Es posible que se entretenga en excusar un supuesto error tributario e intente ponerlo en la balanza con su historia al frente del país. Ahora, él y su familia, el clan Pujol, está rabioso. Su hija pequeña ha roto incluso el carnet de CDC. Otros están ultimando un exilio profesional. No les parece bien que los dirigentes del partido quieran separarse del fraude cometido y desligarlo de lo acontecido. Saben que en Cataluña no volverán a ser lo que fueron (y lo fueron todo) y parecen sorprendidos de que los catalanes les hayan girado la cara.

A Pujol tampoco le gusta que Mas se haya mantenido relativamente lejano de su figura en estos momentos. Pero el actual presidente tiene su propio problema: alejar los efectos del caso Pujol de su monotemática causa política. Pujol no es Cataluña (por supuesto y por fortuna); Pujol no es CDC (más dudable); pero Mas no quiere ser Pujol (está harto de él y de sus vástagos).

Sospecho que asistiremos a una especie de escena de confesionario en la Cámara catalana sin más admisión de culpa que lo ya sabido y algunos reproches a diestro y siniestro. Quizá, no lo descarten, alguna amenaza velada al resto de formaciones políticas con alusiones a un hipotético ventilador que podría arrancar... España como enemigo, la patria por montera y poco más.

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