Putin y el vuelo de Malaysia Airlines MH17

23 de julio de 2014 (19:56 CET)

Ya poco importa la responsabilidad que tenga Putin en el mortífero ataque por mísil contra el vuelo MH17, porque lo que se impone es la percepción y la percepción erosiona su protagonismo al frente de la democracia iliberal rusa. Prácticamente todo el mundo ha atribuido a Putin la secuencia política que ha llevado al derribo del avión malayo, causando 298 muertos.

Ahora queda el testimonio último de las cajas negras del avión pero la marca Rusia que Putin estaba acuñando de modo expansivo --como en su viaje triunfal por Sudamérica y su acuerdo energético con China-- queda en entredicho. En fin, vuelve a hablarse, tal vez hiperbólicamente, de una segunda guerra fría y precisamente cuando lo que esperábamos era algún conflicto asiático generado por la prepotencia china.
 
Poco importa si Putin está detrás del siniestro del MH17, la percepción es que su figura ha quedado erosionada

La política del todo o nada en Ucrania es la que ha hecho posible que los guerrilleros pro-rusos derribasen, según todos los indicios, el vuelo MH17. No podía darse una escenografía más brutal para las nuevas fricciones entre Rusia y Occidente.

Putin intenta como sea alejarse de una tragedia que puede empañar su liderazgo mundial de las democracias autoritarias. Según la CNN, la televisión pública rusa manipula el hecho hasta el extremo de insinuar que los muertos del vuelo MH17 estaban ahí previamente, cuerpos ya sin vida utilizados para desprestigiar a la gran Rusia.

El mismo Putin que inicialmente quiso aproximar su país a la OTAN ahora no disimula la propensión al conflicto y al desafío. Mientras los cadáveres de las víctimas llegan a Holanda, el perjuicio colateral para el tráfico aéreo global ya se puede ir cuantificando.

En zonas de caos como Libia o Siria, las milicias incontrolables han entendido que controlar los aeropuertos y amenazar el tráfico aéreo puede serles provechoso. Un informe de Associated Press enumera los puntos de volatilidad, desde el África occidental al Asia central, donde el tráfico aéreo sufre un riesgo potencial. La cancelación de vuelos es una de las consecuencias inmediatas. Por ejemplo, la autoridad internacional aeronáutica ya ha prohibido los vuelos comerciales sobre Corea del Norte, el norte etíope, el espacio aéreo de Crimea, Irak, Somalia y también Libia. Putin se va a quedar con la exclusiva de lo que es un grave riesgo global, con lo que Rusia quedará aún más apartada de la comunidad internacional por mucho buen trato que tengan con los peronistas o el régimen chino.

Es posible que Occidente diese por sentado que, con la caída de la Unión Soviética, Rusia dejaba de tener capacidad geopolítica. Ese posible agravio es lo que ha dado a Putin, eso y el control mediático, el apoyo de una sociedad desmoralizada y sin horizonte de orgullo patriótico. Eso es lo que llevado al Kremlin a jugar con el caos de Ucrania, de uno modo agresivo y desbocado, por mucho que tenga motivaciones y cualquier justificación histórica. Y al mismo tiempo no hay argumentos para sostener que lo que venga después de Putin vaya a ser más llevadero.
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