Pujol regresa al Born

16 de diciembre de 2013 (00:00 CET)

Jordi Pujol ha reconocido en voz queda que la secesión de Catalunya conllevaría quedarse fuera la Unión Europea y al mismo tiempo insiste en que los lazos entre Catalunya y España se han deshecho, que la España de Espriu y de Vicens Vives ahora es algo imposible.

Es una contradicción existencial para quien hizo tempranamente confesión de europeísmo y que, es más, ha dicho a menudo y en voz alta que Catalunya es el único pueblo de España que nace ligado a Europa porque, mientras quería hacer progresar el imperio carolingio, los otros pueblos de España pretendían restablecer la monarquía visigoda en Toledo.

De aquella circunstancia a la Catalunya de hoy, unos catorce siglos nos contemplan. ¿En qué medida han cambiado las cosas desde que Pujol sostuvo que los catalanes, en cierta manera, continúan siendo hijos de Carlomagno? Habría que saber si el secesionismo propugnado por Artur Mas es o no es carolingio.
 
La independencia desvincula a Catalunya de la UE como parte que es de España


De joven, Pujol fue lector del libro del conde de Coudenhove-Kalergi Paneuropa y su formulación de un catalanismo europeísta que luego le llevó a optar con pugnacidad por la presidencia de la Asamblea de las Regiones de Europa. Estuvo siempre predispuesto a dar lecciones de europeísmo a los sucesivos inquilinos de la Moncloa.

El nudo antagónico es tan intenso que adquiere dialéctica de todo o nada. No es compatible propugnar la independencia a sabiendas de que desvincula a Catalunya de la Unión Europea, como parte que es de España. No se despide uno fácilmente de sus vínculos carolingios, después de haber hecho discursos en Aquisgrán y Estrasburgo. En el fondo el fracaso ¿es de su catalanismo o de su europeísmo?

Es el dicho catalán de Roda el món i torna al Born. Es decir, uno siempre retorna a sus orígenes. La pregunta es si los orígenes de Pujol eran fidedignamente carolingios --y europeístas, por extrapolación-- o si su regreso al Born es un reencuentro con la casa ancestral. Jordi Pujol regresa al Born, cuyo antiguo mercado ahora ha sido convertido --en lugar de la biblioteca proyectada-- en el mausoleo de esa ficción épica que será conmemorar el año 1714. Ciertamente, sólo hubo un Carlomagno.
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad