Pseudonacionalizaciones bancarias

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24 de febrero de 2009 (17:23 CET)

Últimamente tenemos bastante claro que el problema de liquidez del sistema financiero ha pasado a la historia. Ahora estamos en una segunda fase, en la cual la preocupación básica es la morosidad y por lo tanto en último término la solvencia. Algunas entidades no pueden esconder su precaria situación y piden ser rescatadas. La semana pasada conocimos el primer precio a esta "ayuda pública". Unicaja, por quedarse con Caja Castilla la Mancha pidió 1.000 millones al Gobierno.

Es muy importante saber como se canaliza esta ayuda pública. Hay una ayuda pública pura, sin contraprestaciones o casi, que no es recomendable. Finalmente estamos en un sistema capitalista y si el Estado entra en el capital de una entidad financiera, debe mandar y hay que fijar unas condiciones a su entrada y a la utilización del capital público. En este tipo de "nacionalización", no hay intención de continuidad ni de estatalizar la banca, pero los propietarios y gestores no pueden quedar intactos.

De hecho, podemos tener un mercado relativamente competitivo y abierto, con el Estado participando en el capital de alguna entidad, siempre que garanticemos unos mecanismos suficientes para respetar la competencia.

Las ayudas horizontales a los bancos, en cambio, son más complicadas. Hay entidades que tienen una fuerte y suficiente solvencia y no necesitan ninguna ayuda porque tienen reservas suficientemente importantes, mientras que otras están en la última preguntas habrán de resolver de alguna manera su precaria situación. No se pueden repartir equitativamente las ayudas sin perjudicar precisamente a las entidades solvents. De hecho, l’actual situación del sector bancario en Europa tiene este problema. Algunos países han concedido ayudas públicas a su sector bancario y otras no, algo que es un atentado serio al libre mercado.

Es difícil evitar que un banco caiga (cosa que evidentemente puede perjudicar a accionistas, empresas y depositantes) sin perjudicar aquellas entidades que están bien gestionadas, y que no necesitan ayuda pública. La crisis plantea disyuntivas complejas, decisiones difíciles de las que lo  mínimo que tenemos que esperar, ya que no premiarán los bonos, es que no los perjudique.
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