'Prou!'

20 de marzo de 2014 (00:00 CET)

Más de un millar de pequeños empresarios catalanes expresaron ayer su cansancio sobre las medidas económicas que los gobiernos de Madrid y Barcelona adoptan (o no adoptan, que tanto da) y que dificultan el desarrollo más fluido de la actividad productiva de base. No facilitar la buena marcha de la pequeña empresa, de la empresa en general, sin tamaño, es un error estratégico de cualquier administración que de verdad esté comprometida con el bienestar de su ciudadanía.

Convocado por la patronal Pimec y bajo el eslogan Diguem Prou! (¡Digamos basta!), el acto de ayer es una muestra más del cansancio que la sociedad civil acumula sobre sus clases dirigentes. Una señal más que sumar a las múltiples que vislumbramos procedentes de otros sectores.

 
Digamos basta también al buenismo, al clientelismo, la corrupción y la picaresca

Y sí, el lema que reunió a los empresarios estuvo muy bien escogido. Hay que decir basta a muchas actuaciones. Por supuesto a las que en política económica constituyen un freno o un obstáculo al crecimiento, a la redistribución de la renta y a la igualdad de oportunidades básica. Basta al buenismo que ningunea la meritocracia a favor de un igualitarismo casi siempre ineficaz y, al final, improductivo.

Ya sé que los empresarios de Pimec son señores prudentes y no quieren que se les cuele la política partidaria en sus aquelarres, pero hay que decir basta también a la corrupción, sobre todo a aquella que constituye un dumping real, una inseguridad jurídica manifiesta y que prima la ineptitud por encima del trabajo serio y consecuente.

No podemos dejar de decir basta al clientelismo, a los políticos enganchados a su cargo, a las financiaciones irregulares, a la sociedad de la picaresca. Que ese retrato de país es demasiado antiguo y desde el siglo XVI hasta nuestros días deberíamos haber avanzado suficientemente para perfeccionarnos desde una perspectiva moral y ética. Los gritos de independencia escuchados al final del acto de Pimec hubieran sido más creíbles de haberse combinado con otros que pidieran el regreso a sus casas de los parlamentarios catalanes imputados por corrupción.

Quienes consideramos que un acto como el de ayer tiene sentido no podemos evitar pensar que lo tendría mucho más si le añadiéramos lo que no contiene, pero que perjudica tanto o más que una norma fiscal a la creación de un tejido empresarial moderno y propio de los tiempos.

En cualquier caso, sí, Diguem prou!

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