Presidente Mas: viaje menos, gobierne más

26 de noviembre de 2013 (12:55 CET)

Mas llegó avalado a la presidencia de la Generalitat por su idiosincrasia técnica. Un político teóricamente preparado como economista, capaz de expresarse en varios idiomas, joven, con una buena imagen personal y señalado como el sucesor natural de un monstruo de la política como fue su antecesor en el partido Jordi Pujol.

Eran garantías más que sobradas para que los votantes le otorgaran en 2010 la confianza mayoritaria. Pensaban que era capaz de mantener su administración bien gestionada y podía avanzar en la reivindicación de lo que entonces se llamaba un pacto fiscal y mayores cuotas de autogobierno para Catalunya.

Apenas había pasado un año de aquel acto de comunión con las urnas, que los hechos desbordaron al político. Artur Mas se entregó al populismo de organizaciones como la Assemblea Nacional de Catalunya y otras similares y empezó a sembrar dudas muy serias entre una parte no menor de aquellos que habían respaldado su primera elección. En la segunda ya perdió un número importante de diputados y hoy la demoscopia lo sitúa como segunda fuerza política. Un pacto fiscal no serviría para casi nada. Todo, en apenas dos años.
 
Un pacto fiscal hoy no serviría para casi nada, y eso lo ha conseguido en apenas dos año
Pero hay más: al desplome político sólo le iguala el desgobierno interior. Y no es necesario referirse al clientelismo, a los episodios de corrupción ni tan siquiera al malestar general por los recortes. Es peor. No se toman medidas, no se aprueban leyes, no se actúa en sectores con urgencia. ¿Por qué? En algunos casos por falta real de recursos, en otros por estrategia política para evidenciar que no hay recursos. Y, finalmente, por incapacidad. Los últimos viajes del políglota y preparado presidente de los catalanes han puesto de manifiesto que no hay nada detrás si eliminamos la costumbre presidencial de pasearse por el mundo haciendo proselitismo. Un programa Erasmus, lo llama Manel Manchón.

Igual convendría viajar menos y gobernar más. Salvo, claro está, que los actuales gobernantes sigan pensando que viajar es gobernar. Si es así, un consejo: vayan más a menudo a Madrid. De entrada podría resultar más útil a los ciudadanos que dicen defender y para los que aseguran trabajar.
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