¿Por qué no Vicens Vives?

26 de junio de 2014 (00:00 CET)

Leer a Vicens Vives ahora mismo sigue siendo un estímulo para la racionalidad política, la prosperidad social, la concordia hispánica y la paz civil. ¿Tiene sentido ponerse a leer un libro de Jaume Vicens Vicens sobre el siglo XIX en Catalunya? Cómo mínimo, tiene más sentido que ensimismarse en la mitificación un poco chapucera de 1714.

Vicens creía en lo que representa una sociedad liberal, burguesa y europea, con clases dirigentes capaces y responsables. Y pretendió que así hubiese transcurrido el siglo XIX en Catalunya. Los ejes son la prosperidad de Catalunya, su capacidad de cohesión y el peso de Catalunya en España. Vicens tuvo una lúcida aproximación primera con Josep Tarradellas, ya en los años cincuenta.

¿Hubiese sido el gran hombre público, como pensaban Pla y otros? Sobre todo apostaba por el papel de las minorías creativas. Y al mismo tiempo, la reconstrucción civil de la postguerra le llevaba a las aproximaciones pragmáticas. Por eso se le acusó de traicionar la Catalunya esencialista, es decir, el invernadero del victimismo.

 
Es sintomática la coincidencia del hervor secesionista y la inanidad intelectual de lo que queda del catalanismo
La Catalunya moderna ha vivido sus mejores momentos --renaixença o noucentisme, por ejemplo-- cuanto ha tenido un empresariado potente, políticos constructivos e intelectuales de perspectiva europea. Es decir, minorías creativas. ¿Las hay ahora? Tal vez en este principio de siglo estén de más. Es sintomática la coincidencia del hervor secesionista y la inanidad intelectual de lo que queda del catalanismo.

En 1958, una conferencia de Vicens Vives sobre el capitán de industria español en los últimos cien años deriva en la constitución del actual Cercle d’Economía. En la actualidad, la prioridad en convertir 1714 en un holocausto. 

Vicens Vives tuvo ambición y a la vez una idea del bien común. La ecuación es muy positiva. Es una ecuación hoy ausente. Donde harían falta élites meritocráticas tenemos minorías miméticas. Si el empuje de los nuevos grupos sociales, como fue la formación de la burguesía industrial, coincidió casi siempre con fases de auge cultural --renaixença o noucentisme-- ¿qué es lo que impide que eso ocurra de nuevo? Según algunos, es la gravitación genocida de 1714. Es como si no hubiesen pasado trescientos años, ni la penicilina, la máquina de vapor o el iPhone.

Lo cierto es que, desde 1714, el núcleo creativo de la sociedad catalana comenzó a ser la empresa, tan vinculada a la familia. Donde corría la lanzadera del telar, hoy los parques tecnológicos generan innovación y toda España sigue siendo el mercado preferente.

A diferencia de un secesionismo al que importa poco que Catalunya deje de estar en la Unión Europea, el horizonte de Vicens Vives, como en los regeneracionismos, era Europa. Era un reformista. En 1960, habla en el semanario Destino de Joan Maragall y de Jovellanos. Dice que Jovellanos representó para la España de comienzos del siglo XIX lo que la figura de Maragall significará para Catalunya cien años más tarde. Pues sí, hay motivos para volver a Vicens Vives.

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