¿Por qué no se debe dejar caer Banco Madrid?

18 de marzo de 2015 (00:00 CET)

El Gobierno y el Banco de España han actuado con más o menos diligencia en todas las crisis bancarias que ha tenido España. El sistema financiero es considerado como uno de los más importantes pilares de la economía del país. Desde Banca Catalana, pasando por Banesto y más recientemente Caja Castilla-La Mancha, Bankia, CatalunyaCaixa, Novagalicia Banco, Banco Valencia, entre otros, todos ellos han acabado tutelados de forma temporal por el Estado para evitar que su desmoronamiento contagiara al conjunto de la actividad y perjudicara a sus clientes, en este caso inversores e impositores.

En julio de 2003, el banco central intervino Eurobank del Principat, una pequeña banca con sede en Barcelona que había sido gestionada de forma chapucera por sus principales consejeros. Era la primera vez que actuaba desde que entrara en las entrañas del Banesto de Mario Conde un 28 de diciembre. Y la primera vez en la que sí se dejó caer un banco.

Ahora, con el problema de Banco Madrid encima de la mesa, el FROB tiene que adoptar una decisión de urgencia sobre el futuro de esta entidad propiedad de la andorrana BPA. Puede optar por dejarla caer y que sea el juez quien la liquide ordenadamente. Ese sistema comportaría que los depositantes sólo pudieran acceder, en una buena parte de los casos, a un máximo de 100.000 euros garantizados por cliente. También dejaría fuera de la solución a los trabajadores.

Al margen de que el golpe de imagen sería inmenso y que la familia Pujol perdería unos euros (no se rían, pero más de uno suspira para que eso se produjera…), la pregunta que deben formularse los banqueros centrales es si España puede permitirse un nuevo golpe a su sistema financiero en términos de fiabilidad.

Banco Madrid no tiene un problema de solvencia aparente. Está vinculado por su matriz con el blanqueo de capitales, pero la entidad estaría saneada. Eso podría ayudar a que alguna entidad española estuviera interesada en quedarse con la cartera de clientes y, tras un tiempo prudencial de adaptación, retornar a la normalidad. Los Cierco perderían su banco y la competencia en el sector un operador más.

Ayer se escuchaba alguna voz partidaria de dejar caer el banco a modo de lección. La justicia, decían, que cumpla su parte. Lo que está claro es que estaría muy mal visto por la opinión pública general que hubiera dinero público destinado a un eventual rescate. En este caso, parece que sería mucho más adecuado que la liquidación controlada permitiera resolver el futuro de los clientes y los trabajadores. El único problema es que cualquier solución debe ejecutarse a la velocidad de la luz. Un banco no es un juguete cualquiera. Y la seguridad jurídica es un activo de país que tampoco se puede malgastar.

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