Políticos y empresas, un contubernio maligno

22 de mayo de 2015 (20:44 CET)

Los ciudadanos se enteraron esta semana de que Esperanza Aguirre viene cobrando 369.000 euros anuales de la firma barcelonesa de cazatalentos Seeliger & Conde, controlada por Luis Conde. Aguirre, condesa consorte de Bornos, con grandeza de España, lo ha sido todo en la Administración: concejal del ayuntamiento de Madrid, presidenta de la Comunidad, ministra de Educación y Cultura, senadora y presidenta del Senado.

En enero de 2013 se pasó al sector empresarial como "abre puertas" del tal Conde para el fichaje de directivos. Ahora, en otro viraje de 180 grados, vuelve a dedicarse de lleno a la política. Las llamadas "puertas giratorias", o trasvases de lo oficial a lo privado y viceversa, nos deparan otro jugoso episodio.

La conchabanza entre políticos y sociedades mercantiles alcanza su máxima manifestación en el Ibex 35, que agrupa las mayores instituciones de banca, energía, construcción, autopistas, acero, supermercados, fármacos, textiles y televisión. Muchas de ellas viven de la tarifa que se fija en el Boletín Oficial del Estado.

Para evidenciar el carácter incestuoso de esta relación, valga un solo dato: al menos 80 de los 470 asientos de los consejos de administración del selecto Ibex, están ocupados por ex servidores públicos. Para las compañías cotizadas en bolsa, tener a sueldo a un ex político semeja poco menos que imprescindible.

Gas Natural, heredera del fugaz imperio que en su día forjó Pedro Durán Farell, protagoniza la más reciente contratación. Hace unos días, abandonó su órgano de gobierno el inefable Felipe González, tras cuatro años de permanencia. En este periodo cobró de la gasista barcelonesa una retribución de más de medio millón de euros, pese a que apenas se le vio por la casa, debido a que otros asuntos personales acaparaban su atención.

Sin perder un minuto, Gas Natural cubrió la vacante con Cristina Garmendia, ministra de Ciencia e Innovación de Rodríguez Zapatero. De paso, redondeó la faena con otra vocal de campanillas, la austriaca Benita Ferrero-Waldner, ex comisaria europea.

Racha de encumbramientos

La ascensión de prebostes de los partidos a las plantas nobles del Ibex se ha prodigado este año. Florentino Pérez, mandamás de la constructora ACS, nombró consejeros a Catalina Miñarro, ex secretaria general de la Comunidad de Madrid, y a Antonio Botella, ex secretario general del ministerio de Transportes.

Banco Sabadell sumó a su plana mayor a David Vegara, secretario de Estado de Economía con Pedro Solbes.

Suma y sigue. Gloria Hernández García, ex directora general del Tesoro y Política Financiera, ingresó en el máximo órgano gestor de Gamesa, fabricante de aerogeneradores.

Iberdrola y Repsol, por su parte, incorporaron a dos pesos pesados de la Administración de EEUU, José W. Fernández, ex subsecretario de Estado para Asuntos Económicos, y J. Robinson West, ex asesor de la Casa Blanca, respectivamente.

Cuando fichan a políticos, el argumento más fino esgrimido por las entidades es que aportan "capacidad de interlocución", que en román paladino se traduce como "lobbista". ¿Qué esperan de ellos los capitostes del Ibex? Pues que cuando surja un problema, tarifario o de otro orden, les den acceso a los ministerios. Y cuando se tramite en el Parlamento alguna norma legal que les concierne, se muevan entre bambalinas para "orientar" la voluntad de los diputados a favor de sus intereses, espurios o no.

Algunas formaciones anuncian estos días que en sus programas de las próximas elecciones generales incluirán la promesa de acabar de una vez por todas con las "puertas giratorias", es decir, el paso desde el funcionariado al mundo de la economía.

Ya se sabe que los ofrecimientos formulados durante semejantes campañas se los lleva el viento. O como decía el cínico presidente francés Valéry Giscard d'Estaing, "sólo comprometen a quien se los cree". Aun así, es de agradecer que alguien coja el toro por los cuernos y abogue por acabar con esas prácticas execrables.

Yo me temo que tan saludables iniciativas llegan demasiado tarde. La contaminación de las cúpulas del Ibex es asfixiante. Hoy, uno de cada cinco de sus miembros procede de la arena política. Este siniestro dato revela la escandalosa mescolanza entre lo público y lo privado existente en España. Como reza un viejo refrán, reunión de pastores, oveja muerta.

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