Políticos desbocados y función pública

17 de marzo de 2015 (18:53 CET)

Son pocos los escándalos y muchas las corruptelas en contratación de personal en la administración pública. La corruptela económica sólo se destapa por despecho (ex-pareja, ex-amante, un empleado descontento...) y por Hacienda que detecta fraudes que, además, tienen otras connotaciones delictivas.

En el caso de la contratación de personal no hay denunciantes naturales. Los criterios por los que se tendría que regir la contratación de personal en la Administración y, en general, en el sector público, son la igualdad, el mérito, la capacidad y la publicidad. Cuando la contratación afecta colectivos importantes --maestros, sanitarios, inspectores, etc.-- la contratación puede estar bastante vigilada. En caso contrario, es más difícil el control.

Además, los recursos contra la Administración son largos y costosos. El papel lo aguanta todo y a un particular, que normalmente es el afectado, le resulta muy difícil demostrar la prevaricación y el fraude. Ahora mismo se han puesto limitaciones en la contratación de personal eventual de libre designación y muchas entidades públicas han optado para hacerles un contrato de alta dirección saltándose los criterios generales de contratación.

En otros casos estos eventuales se contratarán como interinos con un proceso que seguirá formalmente con los criterios, pero que conducirá a la contratación de la persona designada a priori.

Hay entidades en las que, en estos momentos, tienen que desaparecer o simplemente tienen miedo de un cambio político y que han hecho funcionarios al personal laboral que tenían. A menudo se trata de personal que entró con un proceso selectivo muy poco exigente o a dedo y acabarán con un trabajo vitalicio a cargo del contribuyente.

De hecho, puede haber perfectamente una evidencia de estas corruptelas como se vio en un caso reciente que afectaba al Tribunal de Cuentas donde se detectaron muchos vínculos familiares de los empleados con altos cargos de la Administración. Del mismo modo se podrían hacer comprobaciones en otras entidades públicas, ya sea con familiares o con otros vínculos.

No siempre se hacen mal las cosas, aunque existan posibilidades de hacerlo. En el departamento de Economía de la Universidad Pompeu Fabra, para evitar la endogamia, no dejan que los doctorados se queden como profesores en su primer destino laboral. Y cuando contratan alguien lo hacen por el procedimiento sencillo de pedir avales a cinco científicos. Es un procedimiento que se puede falsear fácilmente, pero no lo hacen porque se jugarían la calidad científica del centro y lo sienten suyo.

¿Por qué no tiene que ocurrir lo mismo en política? ¿Por qué hay políticos a los que no preocupa la degradación del sistema? Porque se impone a corto plazo, más fácil para la consecución de sus objetivos que son ganar poder, y porque piensan que ellos son una parte muy pequeña de un sistema enorme y que si se degrada no es por ellos.

¿A quién le importa ensuciar algo que ya está sucio? En el fondo hay una clara carencia de conciencia democrática. En las elecciones te dicen que no desprecies tu voto, que tu voto importa, pero sus caquitas, en cambio, no son las que ensucian.

Después de la dictadura, a los partidos políticos se les dio mucho poder y demasiado a menudo han acabado extralimitándose y el sistema se ha degradado. Lo que necesita la sociedad son alcaldes preparados y con voluntad de ejercer su cargo con responsabilidad y que deseen funcionarios profesionales que quieran su oficio y les ayuden a gestionar el Ayuntamiento; no un puñado de dóciles al servicio de alguien a quien el exceso de poder ha vuelto tan extraordinariamente estúpido que ha llegado a creer que la sociedad puede funcionar con sus buenas intenciones, cuando todo el mundo sabe que de buenas intenciones el infierno está lleno.

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