Política y economía sin sincronizar

18 de marzo de 2014 (20:37 CET)

Si existe una sincronización efectiva entre la política de gobierno de la Generalitat y la recuperación económica está pasando muy desapercibida. La prioridad política del proceso secesionista parece absorber todas las energías de gestión pública y al mismo tiempo introduce incertidumbres. Así es como al menos lo interpretan amplios sectores del empresariado catalán, el mundo financiero y núcleos significativos de inversores extranjeros.

¿Es cierta una semi-parálisis de la administración pública en manos de la Generalitat? Esa es otra impresión. También se sospecha que los indicios de recuperación económica se hacen ajenos a la política económica de Artur Mas, al contrario de su implicación directa en el primer mandato.

 
El Artur Mas 'business friendly' ha ido agotando la confianza de quienes generan riqueza

Esas percepciones pueden ser engañosas pero al final lo que marca tendencia es la percepción, hasta el punto que altera el resultado. Mientras tanto, quien rige los tiempos mediáticos y de logística secesionista es el “conseller” Francesc Homs. Esta es la realidad política y por fuerza ha de incidir de alguna manera, no siempre buena, en la economía de Catalunya.

El historiador Niall Ferguson ha descrito recientemente la gran brecha que existe entre el optimismo tecnológico y el pesimismo económico. Ha comparado los horizontes esplendorosos que se divisan desde Silicon Valley y las nubes que se ven desde Wall Street y Washington.

Puede considerarse una referencia remota pero algo acabará teniendo que ver con la economía productiva y las finanzas de Catalunya. Posiblemente más que el espinoso tema de las balanzas fiscales.

Poco optimista respecto a un efecto espectacular de los cambios tecnológicos que vienen, Ferguson expone que si uno habla con quienes gestionan dinero en estos días acaba escuchando una penosa letanía: la reducción económica global, las altas tasas de empleo, la creciente desigualdad, la deuda excesiva, los fallos de las políticas monetarias o el desfiladero fiscal.

¿En qué puntos difiere la preocupación del empresariado catalán, aún asumiendo que la recuperación está en marcha? Son preocupaciones comunes a toda la eurozona y por tanto a Catalunya en el conjunto de España. Ciertamente, más que el diseño de un república presidencialista catalana –objetivo de ERC- interesa hoy, por ejemplo, el volumen de las inversiones que haga en Catalunya el ministerio de Fomento o la capacidad de promoción de las empresas que demuestre el Ministerio de Exteriores. Sobre todo, nuevos mercados y consolidación del mercado interno, algo capital para todos.

El Artur Mas “business friendly” ha ido agotando la confianza de quienes, en mayor o menor medida, generan riqueza y empleo porque el futuro está en los parques tecnológicos y no en la mitología del Born, porque estamos en 2014 y no en 1714.

Esta desconfianza no carece de sentido. Al contrario: es una inquietud más representativa de los intereses reales de la sociedad catalana que un proyecto de ruptura constitucional. ¿Tecno-optimistas o pesimistas económicos? A la larga, esta es una gran cuestión.
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