¿Podemos, o pudimos pero no quisimos?

28 de diciembre de 2015 (04:00 CET)

"Complicado, muy complicado". Así titulaba el pasado lunes su artículo semanal en La Vanguardia Miquel Roca Junyent, en su primera valoración de los resultados de las elecciones generales del 20-D. Retirado desde hace años de la primera línea de la política activa, uno de los padres de la Constitución de 1978 acertó de pleno

El panorama resultante de los comicios es, en efecto, complicado, muy complicado. El triunfo relativo del PP parece que acabará siendo una victoria pírrica, apenas sin posibilidad de mantenerse al frente del Gobierno. La derrota del PSOE es también relativa y podría llevarle de nuevo al poder. Todo está abierto.

Si algo queda rotundamente claro del resultado electoral es que la ciudadanía exige un cambio. Lo indicaban ya todas las encuestas previas, que tal vez únicamente acertaron en esto. Esta voluntad de cambio, reflejada sobre todo por los apoyos logrados por las fuerzas emergentes –Podemos con todas sus variantes, y en medida mucho menor Ciudadanos, pero también por los resultados del PSOE, menos malos que los vaticinados por muchos sondeos–, puede y debe tener su concreción en una nueva política de pactos.

Tras casi cuatro décadas seguidas de alternancia política entre las dos grandes formaciones políticas –primero entre UCD y PSOE, luego entre PSOE y PP-, ha mutado ofreciendo un resultado más diverso y plural, de un bipartidismo en caída libre pero que se mantiene aún, y con un claro giro a la izquierda.

Aunque sean muchas las voces que reclamen un gran pacto de Estado entre PP y PSOE, con o sin el apoyo de Ciudadanos, está claro que esto sería un suicidio político para los socialistas, que a corto o a medio plazo se verían sustituidos por Podemos como primer partido de izquierdas en el conjunto de España. 

La dirección socialista haría bien en tener en cuenta que el PSOE ha sido la tercera fuerza más votada en las tres comunidades históricas –esto es, en Cataluña, el País Vasco y Galicia-, así como en Valencia y Baleares, amén de quedar en cuarta posición en la comunidad de Madrid. Solo el mantenimiento de un fuerte voto mayoritariamente anciano y rural le ha evitado al PSOE la humillación del sorpasso de Podemos.

Únicamente desde la plena asunción de la evidente plurinacionalidad de España y de la no menos evidente diversidad de las fuerzas progresistas y con voluntad de cambio real podrá el PSOE volver a gobernar España. Ahora y en el futuro.

Algo similar le ocurre a Podemos. Si se deja llevar por la euforia de sus buenos resultados del 20-D y exige al PSOE mucho más de lo que los socialistas pueden negociar, la amalgama de fuerzas lideradas por Pablo Iglesias puede frustrar las aspiraciones de cambio progresista expresadas por una amplia mayoría de ciudadanos españoles.

Aunque el PP mantenga su mayoría de bloqueo, son muchas las cosas que una mayoría de izquierdas puede hacer. Para emprender políticas de recuperación económica, de creación de empleo estable, de nuevas políticas de educación, sanidad y cultura, de acabar o limitar las férreas políticas de austeridad y de replantear la estructura territorial de España.

¿Podemos o pudimos pero no quisimos?

Como escribió Miquel Roca Junyent, "es complicado, muy complicado".

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