Podemos, Juego sin tronos 

24 de marzo de 2016 (12:01 CET)

Mientras la izquierda se ha caracterizado por ser más capaz  de llegar al poder gracias a su capacidad de legitimar su ascenso de la mano de los más desfavorecidos, la derecha siempre ha estado más preparada por conservar el poder al advertir su gestión es lo que la legitima. Un lugar común de la política europea y también española. Los últimos síntomas de debilidad de Podemos son una excepción en la lógica del acceso al poder por parte de la izquierda española.

La crisis de Podemos tiene mucho más de problema de entereza psicológica que de disputa política. A la debilidad de su estructura política territorial, debemos sumar el imperativo por alcanzar rápido el poder y el sentimiento de culpabilidad de una parte de la izquierda radical al pensar que el poder en sí mismo corrompe su revolución. También se advierte una maniobra en la clara vocación por llegar al poder sin tener que sufrir el desgaste de la asimilación política al doblegarse a la gobernabilidad de España.

En la inspirada serie de televisión Juego de tronos las alianzas son producto del objetivo por alcanzar un nuevo estadio de equilibrio del poder, basado en desgastar al más fuerte. Ya se sabe que cuando uno alcanza el poder por la escalera, suele perderlo saliendo por la ventana. Dicho de otra forma, la decadencia de un proyecto político deviene cuando éste se instala en el trono. De ahí que una parte de los dirigentes de podemos considere que se debe alcanzar el poder sin admitir el trono o rechazándolo tres veces antes de aceptarlo. 

En la serie, lo mágico es una prolongación de la política y los que disponen de tal capacidad de brujería son limitados por sus propios poderes que los acaban destruyendo. Pablo Iglesias ha llegado a la conclusión de que sólo podrá conservar sus energías de liderazgo político si es capaz de retrasar su ascenso al poder y si la magia, hasta hora utilizada para hechizar al electorado para ganar las elecciones, ahora sirve para hacerles comprender que han de conseguir el poder sin el desgaste de dejarse ver sentados en el trono.

La aventura de Podemos sólo tiene sentido, como lo tenía para Aguirre en su búsqueda de El Dorado, si convencía y obligaba a los suyos a seguirle en una expedición mágica para conseguir un tesoro de oro y más oro con el que conseguir el poder. En el caso de Iglesias y la cólera de Dios, sus hombres, envueltos en el denso ambiente del poder, han empezado a disputarse el liderazgo. Unos para dejar a Pablo Iglesias como único líder del viaje al corazón de las tinieblas. Otros, por hacerle notar que él ya no gobierna solo la nave. En todo caso, el proyecto de Podemos necesita conseguir el poder sin sentarse en el trono. De lo contrario, habrá revueltas.
 
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