Podemos, el ala izquierda del euroescepticismo

12 de febrero de 2015 (20:09 CET)

Un fantasma recorre Europa, escribía semanas atrás Libération rememorando lo escrito por Marx y Engels en el siglo XIX en referencia al comunismo, aunque la afirmación del diario francés se refería esta vez a Podemos y a Syriza.

Y ese fantasma que el diario galo veía como "la primavera de la izquierda roja" no es otro, me temo, que el ala izquierda del movimiento euroescéptico o antieuropeo que hasta ahora parecían monopolizar los movimientos de ultraderecha, aunque ya mostró su transversalidad cuando, en el 2005, fracasaron las consultas populares para aprobar la Constitución europea en varios países miembros.

Podemos enarbola la bandera de la soberanía nacional para rechazar las decisiones de la Unión con las que, con razón a menudo, estamos muchos en contra, mientras que aplaude cuando las instituciones comunitarias contradicen políticas del Gobierno español de las que la izquierda abomina.

Y lo mismo puede decirse de Syriza, e incluso de Izquierda Unida, Iniciativa y otros. Según ellos, la soberanía nacional es violada si Bruselas impone condiciones para seguir prestando dinero, pero no ocurre lo mismo si la justicia europea tumba la doctrina Parot o las autoridades comunitarias censuran la legislación hipotecaria española. Entonces todo son parabienes. Todos aplauden

¿Se imaginan si el Gobierno del PP contestara que la soberanía nacional le permite mantener una interpretación de la ley que con efectos retroactivos retiene en la cárcel a presos que ya han cumplido sus penas? ¿Pero no habíamos quedado, además, que la Unión supone una (beneficiosa) cesión de soberanía por parte de los estados miembro?

La apelación a la soberanía resulta, además de absurda, contraproducente, pues también la pueden enarbolar Alemania, Austria o Finlandia para fundamentar su negativa a contribuir al presupuesto comunitario o a prestar a los países del sur. ¿Es más soberano un griego o un español que un danés o un holandés?

Eso no significa que no deba combatirse la austeridad homicida impuesta por el norte a los países con problemas del sur. Pero debe combatirse en Europa, no contra Europa. Forjando mayorías en el Parlamento europeo a favor de una construcción solidaria y social y económicamente justa del continente, y no levantando las banderas de un nacionalismo patriotero que nos retrotrae al espíritu que imperaba en Europa en 1914 y en 1939, cuyos males, precisamente, intenta evitar la Unión.

Quien considere que Europa ha fracasado, que no merece la pena luchar por ella, que nos perjudica, que lo diga abiertamente y sea consecuente.

Y no, no es casual, que Podemos apele tan a menudo al patriotismo español y al espíritu de las masas madrileñas que el 2 de mayo de 1808 se levantaron contra el francés invasor. Es más de lo mismo. Los nacionalistas españoles que alguna prensa norteamericana creyó ver en los jóvenes socialistas que alcanzaron el poder en 1982 han llegado, aunque con 30 años de retraso.
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