Pimec, Foment y la equidistancia empresarial imposible en Catalunya

06 de marzo de 2014 (00:00 CET)

Autónomos y pequeños empresarios están quejosos de cómo los gobiernos han actuado ante la crisis. Son sectores que lo han pasado mal. Tienen lógicas incertidumbres sobre cómo podrán remontar la adversidad de la caída de ventas y de la presión fiscal y de otro tipo que se han visto obligados a soportar. Tienen mucha razón y el pleno derecho a protestar en público y en privado. Por cierto, igual que los desahuciados, los parados, los jóvenes sin expectativas laborales, los estudiantes...

Dicho esto, dentro de unos días, el próximo 19 de marzo, la patronal Pimec celebrará un acto bajo el lema Diguem prou (digamos basta) en el que se criticará la falta de sensibilidad del sistema y el olvido a que han sido sometidos, en especial por la aprobación de medidas administrativas que hacen aún más difícil (e incluso imposible) la continuidad de sus negocios y actividades.

 
Las patronales, incapaces de entenderse y agruparse, deberían al menos ser claras en política

Este acto es el segundo de este tipo que se celebrará en Catalunya en poco tiempo. Hace poco más de un año, el 14 de febrero de 2013, Foment del Treball, la gran patronal catalana, realizó otro acto que perseguía unos objetivos similares. Su eslogan fue Anem per feina (A trabajar, en traducción libre) y en sus inicios debía haber convocado a todo el mundo empresarial. Pimec y la Cámara de Comercio de Barcelona se descolgaron a última hora porque veían en aquella celebración un riesgo de politización, que finalmente se tradujo en una apuesta empresarial en favor del pacto fiscal con Madrid.

Ayer mismo, Pimec salió a la palestra para decir a la opinión pública que el suyo es un acto sólo empresarial, sin vinculación política alguna. Haciendo una lectura superficial podría decirse aquello de excusatio non petita, accusatio manifesta (excusa no pedida, acusación manifiesta). Sería, sin embargo, una injusta etiqueta para los organizadores a los que podrían atribuirse otros errores estratégicos, pero no el de la voluntad directa de contaminar con el proceso soberanista abierto su encuentro del día de San José.

A Pimec le sucede que se le ha colado en su organización un grupúsculo de supuestos hombres de negocios que ponen la bandera por delante de su condición empresarial. Son los integrantes del Cercle Català de Negocis, un minúsculo grupo de empresarios agitadores, con dinamismo y alta presencia y constancia en las redes sociales, y abiertamente partidarios de la independencia de España. Y, claro, Pimec, más tradicional y residente en la zona templada de la sociedad, se ha visto impelida a marcar su neutralidad a pesar de que algunas de las asociaciones que enarbolan la bandera de la independencia les han pedido usar/utilizar/instrumentalizar el acto del 19 para su causa independentista.

 
De los discursos del acto convocado para el día 19 se inferirá con claridad si hay un interés partidario

Acierta el equipo que lidera Josep González en marcar distancias en este caso. Se equivoca, sin embargo, en mantener siempre una actitud de supuesta equidistancia con la cuestión diciendo que están a favor del derecho a decidir. Y, finalmente, en declarar su acto no político. Por más autónomos y pymes que representen, cuando se reúnen los empresarios para criticar las actuaciones fiscales, tributarias, laborales, energéticas... de un gobierno están haciendo política, sin paliativos, de forma clara.

Quizá lo que quieren decir es que allí no se hablará del derecho a decidir, del derecho de autodeterminación, de la Constitución... Entendido. Eso honra al presidente de Pimec. Pero aún quedará más claro que no son políticamente partidarios si además de expresar esa contrariedad contra las actuaciones de la administración de Mariano Rajoy se oye alguna crítica, igual de seria y fundamentada, contra la ausencia de política industrial del gobierno de Artur Mas, contra la parálisis de la administración catalana, contra la mediocridad de las consejerías económicas, la rapiña fiscal en el IRPF, etcétera, etcétera.

Las patronales catalanas, incapaces de agruparse y entenderse, al menos deberían ser claras. Hoy, lo de la equidistancia es más propia de la ERC que jugaba a todas las cartas. Y eso no es posibilismo o actitud pragmática empresarial, es también política, of course.
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