Perplejidad silenciosa en CiU

14 de mayo de 2014 (00:00 CET)

Existe una perplejidad cierta del catalanismo crítico, existente aunque por ahora demasiado silencioso. Esta perplejidad aparece en parte de Convergència y, evidentemente, en Unió. Unos callan por lealtad, otros por interés. Pero hablan en privado, especulan, sienten vértigo político, y también histórico.

Sorprende que los argumentos del catalanismo crítico no estén más presentes en este momento. Aunque el giro sin precedentes del ex presidente Pujol ha desconcertado a muchos, lo cierto es que como tótem del catalanismo ha perdido capacidad de convocatoria. Artur Mas la está perdiendo de forma patente.

Las cosas que están pasando pueden acabar hundiendo del todo al catalanismo que en sus mejores fases fue constructivo, no generó divisiones en Catalunya y era respetado en toda España. En 1934, lo escribía Joan Estelrich: “El catalanisme no és res, o és el sentiment d’una responsabilitat catalana davant Catalunya, davant Espanya i davant el món”.

Por ese sentido de la responsabilidad, la ciudadanía de Catalunya sabrá qué peso reconocerle a la claridad con que Barroso, luego Van Rompuy y ahora Jean-Claude Juncker niegan la posibilidad de que Catalunya permanezca en la Unión Europea si se independiza de España.

 

Mas ahora mismo influye menos que la ANC, con sus pocos miles de afiliados, y los votos se van hacia ERC
Según se ve en las encuestas, este es un punto sustancial y ya va cuantificándose la incertidumbre ante el vacío que se produciría al día siguiente de una hipotética secesión. Las advertencias del actual presidente de la Comisión Europea, del presidente del Consejo y del posible nuevo presidente de la Comisión no son el discurso del miedo, sino el respeto a la pluralidad de la sociedad catalana y a su futuro.

Pase lo que pase al final, el independentismo ha herido gravemente aquel catalanismo. Y en ese paisaje de incertidumbre radical, Artur Mas ya no ejerce ningún liderato, y menos el liderato del catalanismo. Eso de ahora es otra cosa. Sobrepasado por el soberanismo que desembocó en el impacto secesionista y aconsejado por unos aprendices de brujo, Mas ahora mismo influye menos que la ANC, con sus pocos miles de afiliados. Y los votos se le van hacia ERC.

El catalanismo entendió siempre que más Europa era buena parte de la solución a lo que entendía como desajuste de Catalunya respecto al conjunto de España. Desde mucho antes de la transición democrática, aquel catalanismo pretendió ser un baluarte del europeísmo. Ahora ve como el soberanismo puede trasladar Catalunya a las afueras de la Unión Europea. Eso provoca estupor y mucha fatiga. No es absurdo identificar esa fatiga con la figura de Artur Mas. Respecto al catalanismo crítico, importe o no importe, Mas ya es el artífice de un fracaso.
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