Pere Navarro: en brazos del tercer Estado

18 de enero de 2014 (20:11 CET)

Pere Navarro aguantará; quiere ser la cuña social. Se acerca al pueblo pero no puede con el Deus ex Machina que lacera nuestro destino colectivo. Se ha olvidado de Tomás Moro y de Maquiavelo. No quiere entender que el aparato de Estado, complejo y multinacional, es la herramienta que mejor puede reducir la alarmante brecha social. Navarro dice que ha dejado de mirar al Estado para centrar su atención en los problemas sociales, “lo auténtico”. No se da cuenta de que la lucha de clase (por mantener un lenguaje preterido) se libra fundamentalmente en el seno de los aparatos del Estado.

Artur Mas
renueva a Prat de la Riba y Oriol Junqueras fundamenta a Francesc Macià. Han encontrado una simbiosis para caminar juntos. Navarro, si embargo, no les va a la zaga. Se olvida del suyo, Valentí Almirall, el padre del catalanismo de izquierdas y férreamente federalista. El líder socialista catalán no es precisamente un alumno dilecto de Pasqual Maragall. El exalcalde de Terrassa es un político de continuidad. Esperó pacientemente su turno detrás de Manel Royes hasta que consiguió el acta del Vallès, la ciudad egarense marcada por el monarquismo conservador histórico de Alfonso Sala y por una patronal, CECOT, nacionalista y despidolibrista.

 
Iceta ha vuelto para echar una mano: pudo con la negociación mastodóntica del Estatut frente a Homs

Navarro se ha entregado a José Fouché (Rubalcaba). Falta poco para que la tensión territorial obligue a salvar a España con una Gran Coalición a la alemana. PP y PSOE irán de la mano a la hora de la raza. Y, esta vez, la “Castilla en armas” se unirá a las “milicias del Jarama”. Para entonces, el PSC habrá cambiado o habrá desaparecido. Navarro se presenta hoy como la alternativa real. Le arropan Jaume Collboni, Antoni Balmón y compañía, sin olvidar al pródigo Miquel Iceta, un socialista genético que ha soportado broncas centrífugas, financiaciones irregulares y largas estancias en aquel Madrid de Narcís Serra. Iceta ha vuelto para echar una mano. Él pudo con la negociación mastodóntica del Estatut frente a Quico Homs, una especie de monje seglar capaz de emborronar textos bizantinos y traducir la Biblia del arameo. Navarro tiene equipo; tiene trastienda aunque no sea enteramente suya. Y tiene un problema añadido: su rechazo del Derecho a Decidir es contrario a su propio programa electoral.

El día que Catalunya pidió permiso para votar, delegada por el 150.2 de la Constitución, la ruptura de los tres socialistas disidentes (Geli, Ventura y Elena) se hizo notar. De inmediato, un manifiesto firmado por 100 cuadros socialistas --Toni Castells, Montserrat Tura, Joan Majò o Joaquim Nadal, Raimon Obiols, Manel Royes, María Badia, Pía Bosch, Gloria Plana, entre ellos-- lo dijo todo. Los patricios huyen. Les puede la Catalunya Ciutat, aquella vis noucentista sobre cuya pervivencia quieren establecer las reglas de futuro con España. El PSC se desgaja. Àngel Ros abandona su escaño; Rocío Martínez-Sampere, cabeza de lista en las primarias para los comicios municipales de 2015 dimite de la ejecutiva nacional; Laia Bonet también se va, como lo hizo anteriormente Jordi Martí Grau, líder del Grupo municipal en el Consistorio. Otros dirigentes arracimados en los sectores críticos estuvieron presentes el jueves pasado en la tribuna del Parlament, a modo de protesta contra la dirección del PSC; entre ellos, el sintomático alcalde de Flix, Marc Murtra.

 
Seamos una monarquía o una república, Rubalcaba come y duerme entre Ferraz y la Carrera de San Jerónimo

La soledad de fondo aprieta. Navarro, un biólogo formado en la Autónoma de Bellaterra, saltó del municipalismo a las calamitosas elecciones de 2012. Ahora, sostiene una arquitectura institucional dispuesta a cobijar al mundo socialista catalán. En todo caso, el PSC nunca fue un partido sino más bien un movimiento de pluralidad remarcable. El socialismo de Joan Raventós, heredero del MSI, los músicos, era sinónimo de profundidad, entrega, culto por la diferencia y generosidad. Nada que ver, ¡nada!, con las capitanías de Taifas, ni con el “adressador” del que tan a menudo hablaba José Zaragoza.

La burocracia tiene un engañoso brillo luciferino. El silencio es la mejor arma de los corredores de fondo. Esperar y ver, la máxima de Mariano Rajoy, le sirve a cualquiera que se meta en política. Muchos hacen política sin el don de la elocuencia (miren a Xavi Trias), pero cuando no se tiene una palabra a mano se impone el gesto. La palabra no lo es todo, pero jamás será batida por el silencio. Navarro aguantará el tipo en contra de su propia naturaleza resumida en un desnortado Derecho a Decir defendido por él en los comicios de 2012.

Navarro se entrega al PSOE. Fouché (Rubalcaba) dicta su destino; le llama a su lado ahora que la Montaña (el socialismo jacobino) se quiere hacer fuerte en la Asamblea Nacional (el Congreso) pensando en las próximas elecciones generales. Seamos una monarquía o una república federalista, Rubalcaba come y duerme entre Ferraz y la Carrera de San Jerónimo, con la mirada puesta en Moncloa. Fouché ofrece el consenso del pueblo llano y Jean Paul Marat, el Pere Navarro más turiferario, lo acepta. Se mece en brazos del tercer Estado.
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